Abuso psicológico en los Niños

Historias de Vidas, de pequeños que ahora son grandes y algunos ya son padres y nos cuentan sus traumas y abusos psicológicos que alguna vez sus propios padres o familiares hicieron con ellos. No cometamos los mismos errores que nuestros padres cometieron con nosotros, aprendamos de ellos!

“Hasta que se divorciaron, los padres de Nadia tenían la costumbre de poner a sus hijos unos contra otros utilizando para ello una violencia subterránea. La madre, mejor que nadie, utilizaba frases malintencionadas e insinuaciones. Con sus ataques indirectos dejaba huellas venenosas en la memoria de sus hijos”.

La historia de Nadia es uno de los casos con que la especialista francesa en victimología, Marie-France Hirigoyen, ilustra en su libro El acoso moral (Editorial Paidós) a la violencia psicológica que algunos padres ejercen sobre sus hijos.

Para esta prestigiosa especialista, “los pequeños actos perversos son tan cotidianos que parecen normales. Empiezan con una sencilla falta de respeto, con una mentira o con una manipulación. Luego, si el grupo social no reacciona, estos actos se transforman progresivamente en verdaderas conductas perversas que tienen graves consecuencias para la salud psicológica de las víctimas. Una vez instaurada en la familia, la violencia constituye un engranaje infernal difícil de frenar, pues tiende a transmitirse de generación en generación. Nos situamos aquí en el registro del maltrato psicológico, que elude a menudo la vigilancia del círculo de allegados y que causa cada vez más estragos”.

La Convención Internacional de los Derechos de los Niños caracteriza el maltrato psicológico infantil de la siguiente forma:

1. Violencia verbal.
2. Comportamientos sádicos y despreciativos.
3. Repulsa afectiva.
4. Exigencias excesivas y desproporcionadas en relación a la edad del niño.
5. Consignas educativas contradictorias o imposibles.

El maltrato psicológico puede adoptar muy diversas formas. A veces es disfrazado de educación. Según la psicóloga Alice Miller, “muchas veces la educación tradicional tiene el objetivo de quebrantar la voluntad del niño a fin de convertirlo en un ser dócil y obediente” (Por tu propio bien, Editorial Tusquets). “En estos casos, los niños se vuelven incapaces de reaccionar porque la fuerza y la autoridad aplastante de los adultos los silencian y pueden incluso hacerles perder conciencia”, escribe su colega, S. Ferenczi (Confusión de langue entre les adultes et l´enfants, Psychanalyse).

La violencia indirecta

Según Hirigoyen, “Esta violencia puede ser indirecta y afectar a los niños sólo de rebote o por salpicadura, o bien puede apuntar directamente a un niño al que se intenta eliminar”. En el caso de la violencia indirecta, ésta suele ser el resultado de un conflicto de pareja que termina afectando a los niños. “Estos son víctimas porque están ahí y porque se niegan a distanciarse del progenitor agredido -explica Hirigoyen-. Reciben una agresión en tanto que hijos de la víctima. Como testigos de un conflicto reciben toda la maldad que éste conlleva”. Como si esto no fuera poco, en muchos casos el cónyuge agredido que no consigue volcar su agresividad contra el agresor lo hace sobre los niños. Esto es posible porque los niños siempre excusan a quienes aman, su tolerancia no tiene límites, afirma Hirigoyen. Frente al vituperio permanente de uno de los progenitores contra el otro, los niños no tienen otra salida que la de aislarse, con lo que pierden cualquier posibilidad de individuación o de pensamiento propio. Este sufrimiento que asimilan los niños los acompañará y será exteriorizado más adelante en otros ámbitos, ante otras personas.

La violencia directa

A diferencia de la violencia indirecta, cuando el maltrato psicológico se sustenta en la violencia directa es una señal de repulsa consciente o inconsciente hacia el niño por parte de alguno de sus padres. “El padre o la madre se justifica explicando que actúa por el bien del niño, con un propósito educativo pero, en realidad, ese niño le molesta y necesita destruirlo interiormente para protegerse. Sólo la víctima puede percibirlo, pero la destrucción es real. El niño se siente desgraciado, pero no tiene nada objetivo de que quejarse. Si se queja, se queja de gestos o de palabras vulgares”, explica Hirigoyen.

Para su colega Bernard Lempert, “el desamor es un sistema de destrucción que, en ciertas familias, azota a un niño y quisiera verlo morir; no se trata de una simple ausencia de amor, es una violencia constante que el niño no solamente padece, sino que también interioriza. La víctima termina por tomar el relevo de la violencia que se ejerce sobre ella mediante comportamientos autodestructivos” (Desamor, Seuil).

“Los niños que son víctimas de agresiones perversas son portadores de un núcleo psíquico muerto -sostiene Hirigoyen-. Todo lo que no metabolizan durante su infancia se reproduce en la edad adulta a través de acciones que se perpetúan”.

Actuar en consecuencia

¿Qué se puede hacer para revertir una situación de violencia psicológica que recae sobre un niño? Para Hirigoyen, es el cónyuge que es agredido o que observa la agresión contra su hijo quien debe tomar cartas en el asunto.

Debe identificar el proceso perverso, que consiste en hacerla cargar (a ella o al niño) con toda la responsabilidad del conflicto conyugal o familiar. A continuación debe analizar el problema fríamente, dejando de lado la cuestión de la culpabilidad. Para ello, debe abandonar su idea de tolerancia absoluta y reconocer que quien ama, o a quien ha amado, presenta un trastorno de la personalidad que puede resultar peligroso. Las madres (o padres) deben aprender a reconocer a las personas que son, directa o indirectamente, perniciosas para sus hijos”.Y actuar en consecuencia. “A veces las crisis sólo se pueden resolver con la intervención de la justicia”, subraya.

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2 comentarios

  1.   sughey Luna dijo

    Saludos…
    Me parece excelente que se haga una campaña para enseñar a los padres de hoy a no cometer los mismos errores que se cometieron con ellos, con sus propios hijos, lo que si es que me parece que debemos colocar ejemplos tangibles…. A que me refiero? hacer “Aplacar a los niños asustandolos con algo” es tal tipo de violencia, y asi de todo…

    Gracias…

    1. espero que no dejen de comentar este tipo de tema porque uno no nace con el conocimiento de ser padre, este se forja con los hijos

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