Ansiolíticos en niños, cuando se deben prescribir

El uso de ansiolíticos en los niños

Los ansiolíticos son tranquilizantes que se prescriben para reducir o eliminar los signos de ansiedad que puede padecer una persona, tanto adulta, como un menor.

El debate viene cuando estos ansiolíticos son tomados por los niños, pues muchas de las veces no entra dentro de nuestras ideas que un niño pueda llegar a padecer este tipo de trastorno. Los dos grandes grupos son los barbitúricos y las benzodiacepinas. La pregunta es ¿cuando deben de usarlos y acudir a un especialista?

Signos y síntomas

Los niños que padecen este nerviosismo o ansiedad tienen su denominación como  trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Se diagnostica TAG cuando los síntomas causan angustia significativa al niño o perjudican social o académicamente su funcionamiento en su vida rutinaria, además el niño debe de presentar más de uno de los síntomas que se especifican a continuación:

  • Tienen dificultad para prestar atención y pueden ser hiperactivos e inquietos (agitación y nerviosismo).
  • Entre otros muchos síntomas se le puede observar que duermen muy mal o presentan trastornos del sueño
  • Se sienten agotados y se quejan de diversas molestias físicas, por ejemplo: dolor de estómago, dolores musculares o cefaleas

Normalmente con este tipo de síntomas se les suele tratar con intervenciones psicoterapéuticas, pero cuando no res responden a este tipo de tratamiento tienen que recurrir al tipo de fármacos ansiolíticos.

Aunque dado el hecho y basándose en las estadísticas el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido dice que no deberían recetarse inicialmente para síntomas de depresión leve, pero de hecho se hace. Y en los casos más serios, los antidepresivos solamente están destinados a ser utilizados junto a terapias psicológicas.

El uso de ansiolíticos en los niños

 

¿Se pueden prescribir otro tipo de alternativas?

Pues seguramente sí, dependiendo del especialista, la situación y la postura de los padres ante tal situación. Ante tal hecho se puede hacer una valoración y proponer otro tipo de vía.

Antes de llegar al punto de administrar ansiolíticos a los niños para tratar las afecciones nerviosas se puede probar el uso de relajantes naturales para que puedan ayudar al niño a tranquilizarse y así no llegue a alterar su salud, pues este tipo de medicamento sucumbirá con el tiempo a tener efectos secundarios.

Algunos ejemplos pueden ser la toma de hierbas con cualidades relajantes y pueden ayudar a los niños a controlar sus problemas nerviosos, entre ellas podemos encontrar las siguientes hierbas para tomar en infusión:

  • Manzanilla: Calma la ansiedad y nervios, favorece el sueño y cuida la salud digestiva del niño. Entre 2 y 3 tazas de esta infusión en especial después de comer.
  • Tilo: Recomendada para alteraciones nerviosas y muy factible para el consumo en los niños. Se recomienda tomar cuando el niño está con algún síntoma o antes de una situación que lo altera, lo pone nervioso o ansioso.
  • Pasiflora o pasionaria: Tiene propiedades sedantes y relajantes, esta hierba es ideal para los niños porque no provoca contraindicaciones.

El único inconveniente que podemos encontrar es que este tipo de tratamiento con plantas naturales es mucho más lentos pero es igual de efectivo, pero sí resulta ser una ayuda para los niños a mejorar sus afecciones y sentirse mucho mejor.

El uso de ansiolíticos en los niños

Cuando se manifiestan los ansiolíticos como un problema

Aquí es cuando surgen las dudas y se presentan las polémicas sobre su uso. Muchas veces en vez de pensar en cambiar el entorno donde vivimos, preferimos alterar los cerebros con estos medicamentos para que se adapten al entorno, de ahí que se le empiece a erradicar este trastorno como un problema sobre su uso a gran escala, pues se recurre al fármaco como primer recurso.

Según algunos expertos, muchos de ellos se atreven a debatir sobre la forma de pensar de nuestra sociedad, pues nuestra sociedad prefiere niños uniformados que no molesten demasiado, para ellos los que son diferentes son un problema. Como solución existen muy “buenos medicamentos” para tratar estos trastorno psíquicos, y es una pena, pues muchas veces se dispensan con excesiva frivolidad.

Como conclusión se podía pensar que estamos ante un tipo de negocio porque hay demanda. Solamente con tomar ejemplo sobre un estudio de la OMS –publicado en la Revista Europea de Neuropsicofarmacología– reflejó que, entre 2005 y 2012, la costumbre de recetar antidepresivos en niños se incrementó a niveles alarmantes.

Y sobre otro tipo de investigaciones se mostró que, durante lo largo de estos siete años, hubo un aumento del consumo de estos medicamentos, ejemplos son el aumento del 54% en el Reino Unido, un 26% en Estados Unidos, un 60% en Dinamarca, un 49% en Alemania y un 17% en los Países Bajos.

Otros especialistas en España defienden tal postura ante el hecho de por qué actúan así otros especialistas en su misma corriente y es que ven que el 99% de los niños diagnosticados y tratados con anfetaminas de trastornos por déficit de atención con hiperactividad no están enfermos en realidad, sino que han sido víctimas de un ‘exceso en el diagnóstico‘ cometido por los psiquiatras y el consentimiento de sus padres, pues demandan la ‘pastilla mágica’ que acabe con las molestias que pueden dar los hijos.

Como conclusión, la postura está muy debatida. Se puede limitar el uso de benzodiacepinas en niños a casos muy concretos ya que son sustancias potencialmente adictivas y tienen efectos cognitivos no deseados en esta etapa del desarrollo tan importante, como puede ser la afectación del sistema de atención y memoria.

Por otro lado se puede estar a favor porque se ha detectado un porcentaje muy importante de adultos portadores de depresión mayor, que previamente tenían trastorno de ansiedad que no había sido tratado en la niñez o adolescencia.

El uso puede discrepar en muchos aspectos pero su uso si es necesitado puede llegar a ser totalmente efectivo si se hace con total inteligencia.

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