Actualmente y por desgracia vivimos en un mundo materialista donde lo que parece que más importa es tener más y más, donde lo último en tecnología es lo único que cuenta y es que parece que las personas no se contentan con lo que tienen y cada vez necesitan más cosas. Entonces, ¿cómo criar a niños para que sean agradecidos en un mundo materialista donde el consumismo y el individualismo parecen los protagonistas?
La gratitud y la bondad no son fáciles de enseñar a los niños pero se puede conseguir con el ejemplo y con una educación coherente diaria. Incluso si vives en un mundo materialista se pueden criar a niños para que sean agradecidos. Tener lo último en tecnología no te hará ser mejor persona, por lo que si quieres enseñar a tus hijos, deberás enseñarles que hay que serlo no sólo por lo que se tiene sino por las oportunidades que la vida les ofrece cada día.
Los beneficios de la gratitud
Un niño que es agradecido será un niño más feliz, con una mayor inteligencia emocional, con mayor fuerza interior, tenderán menos a padecer depresión y la envidia no será un problema en su vida nunca. Pero si no sabes cómo puedes educar a tus hijos para que crezcan siendo agradecidos en un mundo tan materialista como en el que nos encontramos actualmente, entonces sigue leyendo porque los consejos que encontrarás a continuación serán sin lugar a dudas, de tu ayuda y de tu interés.
Además, la investigación en psicología positiva ha mostrado que cultivar la gratitud fortalece el buen ánimo, favorece conductas prosociales como la ayuda y la cooperación, ayuda a regular la tristeza y la ansiedad, disminuye el impulso de “tener por tener” y refuerza los lazos familiares y sociales. Integrar la gratitud en la crianza no es un adorno: es un pilar de salud mental y bienestar.
Conviene explicar a los niños que hay dos formas de gratitud complementarias: la personal (agradecer lo que uno vive y valora) y la social (agradecer las acciones amables de otras personas). Darles lenguaje para ambas les ayuda a reconocer mejor cuándo agradecer y por qué hacerlo.

Sé el mejor ejemplo
Para modelar una conducta en los niños, lo mejor que puedes hacer es ser el mejor ejemplo. Los niños aprenden las cosas gracias al ejemplo de sus padres, y es que si les dices que sean agradecidos pero después tú no te comportas de manera para que vean en ti un buen ejemplo… no importa las palabras que les digas, porque esa incoherencia les hará pensar que no tienes razón y actuarán acorde a lo que ven.
Refuerza esta idea con un lema cotidiano: la actitud es una elección. En casa podéis recordar varias veces al día que mantener una mirada positiva y agradecida está en vuestra mano, reformulando quejas en peticiones amables y poniendo el foco en lo que sí funciona.
Es importante que te vean dar las gracias
Tus hijos deberán ver cómo das las gracias a las personas por lo que deberás hacerlo en voz alta. Puedes ser agradecido con cualquier persona que interactúa contigo a lo largo del día, como la cajera del supermercado, tu vecino, una persona en el banco que te sujeta la puerta al salir, etc. Deberás ser específica y decirle a esas personas por qué estás agradecido: «Gracias por ser tan amable», «Gracias por sujetarme la puerta», etc. Así tu hijo podrá entender cuál es el acto de bondad del otro por el que estás agradecido.
Ejercita un “gracias completo”: incluye el nombre de la persona, la acción concreta y cómo te ayudó. Este pequeño matiz convierte el agradecimiento en una herramienta educativa muy poderosa.
Haz que el agradecimiento sea parte de tu vida diaria
Con el fin de educar a tus hijos para que sean agradecidos, deberás hacer que la gratitud sea parte de tu vida diaria. Por ejemplo cuando te sientes a comer con toda tu familia, deberás mencionar por qué estás agradecida exactamente: «gracias por estar todos juntos», «gracias por esta comida tan buena». Es posible que tus hijos pregunten a quién le estás dando las gracias, y simplemente tendrás que responder por ejemplo: «a la vida que me permite disfrutar de vosotros cada día». Si tu hijo ve esto en ti cada día, sin darte cuenta estarás cultivando una gran semilla de agradecimiento en ellos.
Un recurso sencillo es instaurar el “mejor momento del día” antes de dormir o durante la cena: cada uno comparte algo que agradece. Con adolescentes, puedes proponer que apunten cinco cosas/personas por las que se sienten agradecidos; desarrolla atención y visión positiva.


Un diario de agradecimientos
Tener un diario de agradecimientos es una forma excelente de ser agradecido. Normalmente las personas cuando escriben las cosas que les suceden durante el día, suelen quejarse porque no todo es cómo les gustaría que fuese y por este motivo escriben: para desahogarse. Pero en lugar de desahogarte por cosas malas, ¿por qué no hacerlo por cosas buenas? Es dar la vuelta a la tortilla y escribir para sentirnos bien… puedes escribir por todo lo bueno que te sucede cada día, dejando a un lado las cosas negativas que te quitan energía. Pero si quieres que tus hijos aprendan sobre esto, una idea excelente es que les la idea de hacerlo también ellos mismos… pero diles que no sólo deben dar las gracias por lo que tienen, sino por las cosas buenas que les suceden.
Varía el formato para mantener el hábito vivo: un tarro de gratitud (papelitos con motivos que luego se leen en familia), una pared o álbum de agradecimientos con fotos, frases y dibujos, o una libreta compartida donde cada miembro escribe y responde a otro.
Cambia tu perspectiva
Es necesario que enseñes a tus hijos a que se diviertan y sean felices sin importar nada más. ¿Quién dice que el trabajo o los estudios tienen que ser aburridos? En lugar de pensar que «tengo que hacer esto», es mejor pensar cosas como por ejemplo: «Tengo la oportunidad de hacer esto». Es algo muy sencillo que te ayudará a sentirte más agradecido por lo que haces y por lo que tienes… algo que sin duda será un modelo excelente para que tus hijos sigan desde hoy mismo.
Introduce también pequeñas sorpresas familiares que ayuden a ver la vida como un regalo y no como un derecho: en vez de negociar sin fin opciones de ocio o vacaciones, decide en secreto una experiencia sencilla y compártela con ilusión. Se aprende que lo recibido se aprecia más cuando no se da por sentado.

Las cosas simples son las más importantes
La vida es más simple de lo que queremos pensar, y es que la simplicidad importa por lo que es necesario mantener las cosas simples porque así tus hijos empezarán a darse cuenta que las pequeñas cosas son las más importantes en la vida… así podrán aprender a apreciar más todo. Intenta enseñar a tus hijos para que entiendan lo importante que es ser agradecido en la vida.
Para reforzarlo, regala experiencias en lugar de objetos: una excursión, una clase de música, una acampada o una actividad deportiva. Las experiencias fomentan relaciones y habilidades, y reducen el foco en la posesión.
Haced voluntariados
Es importante que tu hijo vea desde pequeño la necesidad que hay para hacer las cosas por los demás, ser voluntario ayuda a entender otras realidades más desfavorecidas que la de uno mismo y esto nos ayuda a poder ofrecer nuestras manos a otros y a poder ser más agradecidos en nuestra vida diaria. Si tienes la oportunidad ser agradecido aunque sea una vez al mes, puedes animar a tus hijos a que te acompañen (siempre que la edad así lo permita) y así que se den cuenta de lo importante que es ayudar a los demás y de poder sentirse agradecidos por las pequeñas cosas de la vida.
No hace falta esperar a grandes campañas: pensad en alguien cercano al que podáis acompañar de forma regular, como una persona mayor del vecindario a quien visitar o ayudar con recados. El contacto continuado enseña empatía y constancia.

Enseña gratitud cada día
Es necesario que tu hijo aprenda a decir gracias y para ello tu hijo deberá aprender a hacerlo. Enséñales en los momentos diarios cuándo es adecuado dar las gracias, por ejemplo al maestro, en el supermercado, escribiendo una nota de agradecimiento a alguien especial, etc.
Completa el aprendizaje con el principio “es mejor dar que recibir”: anima a tus hijos a preparar pequeños detalles para otros (dibujos, notas, galletas) sin esperar nada a cambio. Descubrir la alegría de dar marca la diferencia.

Necesidades vs. deseos: una conversación imprescindible
Educar la gratitud también pasa por distinguir necesidades reales y deseos. Al debatir si algo “se necesita” o “se quiere”, acompaña a tu hijo a valorar utilidad, duración, coste y alternativas. Evita que crean que la felicidad depende de tener “lo último”.
Cuando aparezcan presiones sociales (marcas, modas, dispositivos), practica el pensamiento crítico: ¿qué promete la publicidad?, ¿qué hay detrás de ese deseo?, ¿qué valor no material hay en juego (amistad, pertenencia)? Así se construye criterio propio ante el consumismo.
Responsabilidades y sentido de pertenencia en casa
Los niños que participan en tareas domésticas acordes a su edad comprenden mejor el esfuerzo que sostiene el hogar y aprenden a valorar lo que reciben. Puedes reservar labores breves diarias y otras semanales más largas, e incluir a los hermanos mayores ayudando a los pequeños en rutinas sencillas.
Si decides retribuir algunos encargos extra (nunca todos, para no convertirlo en un mero intercambio), vincula la paga a objetivos de ahorro y donación. Se aprende el valor del dinero y del esfuerzo, y se combate la sensación de “todo me corresponde”.
Errores comunes que fomentan el materialismo
Hay tres prácticas cotidianas que, sin querer, alimentan el materialismo infantil: usar premios materiales como refuerzo principal, expresar el amor sobre todo con regalos y castigar quitando cosas (juguetes, pantallas) como único recurso. Ajusta estas estrategias: prioriza el afecto, los límites claros y las consecuencias lógicas relacionadas con la conducta.
Evita también intercambiar afecto por objetos (“si me das un beso, te compro…”). El cariño no se compra: se construye con tiempo, presencia y coherencia. Cuando falte tiempo, ofrece momentos de calidad, no sustitutos materiales.
Gestiona pantallas, medios y comparaciones
El entorno digital multiplica la exposición a mensajes consumistas. Define límites saludables de uso, elige contenidos adecuados y conversa sobre publicidad, influencers y comparación social. La pregunta guía es: ¿esto me aporta aprendizaje, creatividad o conexión real?
Practica periodos sin pantallas para abrir espacio a juego libre, lectura, naturaleza y conversación. Al disminuir el estímulo constante, los niños vuelven a disfrutar de lo sencillo y su tolerancia a la frustración mejora.
Conecta con la historia familiar y el esfuerzo
Compartir historias de abuelos y familiares sobre retos, trabajos y migraciones ayuda a valorar más lo que se tiene. Visitar lugares que recuerdan esfuerzo y solidaridad también enriquece: museos locales, memoriales o proyectos comunitarios muestran que el bienestar se construye entre todos.
Ideas prácticas para servir desde casa
Planificad pequeñas acciones que abran el corazón sin esperar nada a cambio. Algunas ideas para empezar y mantener en el tiempo:
- Preparar dulces o una comida y llevarlos a un vecino mayor o enfermo.
- Organizar una recogida solidaria en un cumpleaños: quienes asistan aportan material higiénico, libros o alimentos no perecederos.
- Visitar una residencia de mayores para cantar, leer o conversar en familia.
- Ofrecer ayuda práctica en el barrio: cortar césped, barrer hojas, retirar nieve o acercar el correo.
- Escribir y enviar cartas o dibujos a personas que viven solas o a niños de otra región.
- Salir a pasear con el propósito de repartir elogios sinceros a quienes os crucéis.
- Crear un boletín del barrio con buenas noticias y pequeñas historias de solidaridad.
Recursos y lecturas para acompañar el proceso
Complementa la experiencia con cuentos y libros infantiles que abordan la gratitud y la generosidad. Puedes buscar títulos como “Agradecer es lo máximo” (C. Alva), “Gratitud: Caracola y Tortuga aprenden a agradecer” (Carmen Berrío), “El poder de la gratitud” (Geo Fernández) o “La gratitud es mi súperpoder” (Alicia Ortega). Elige las lecturas según la edad y conversad después sobre lo aprendido.
Cuando toda la familia incorpora la gratitud en el lenguaje, en los rituales y en las decisiones (qué compramos, a qué dedicamos el tiempo, a quién ayudamos), criar niños agradecidos en un mundo materialista deja de ser un ideal y se convierte en una práctica cotidiana. No se trata de negar los objetos, sino de ponerlos en su sitio para que lo humano, el vínculo y el servicio vuelvan a ocupar el centro.