La escarlatina también es conocida como “la fiebre escarlata” y es una enfermedad muy contagiosa producida por una bacteria, el estreptococo del grupo A (Streptococcus pyogenes). Es mucho más frecuente en los niños de entre los 2 y los 15 años (raramente se da en adultos) y la forma de contagio es muy similar a la de un resfriado: a través de las partículas de saliva y mucosidad que quedan en el aire después de un estornudo o de la tos, o que se depositan en superficies.
La erupción cutánea es el síntoma más característico de la escarlatina. Suele producir picazón o molestia y empieza en el cuello y la cara, para después ir extendiéndose por el pecho, la espalda y el resto del cuerpo. La piel puede sentirse áspera, como papel de lija, y en muchos niños la zona alrededor de la boca queda más pálida, lo que resalta el enrojecimiento de las mejillas.
Estos síntomas se acompañan de gran irritación en los ganglios del cuello, dolor intenso de garganta y fiebre alta (habitualmente superior a los 38 ºC). Las amígdalas y la parte posterior de la garganta suelen cubrirse de una capa blanquecina y mostrar zonas con placas blancas o amarillentas a causa de la presencia de pus.
Otros síntomas frecuentes de esta enfermedad son escalofríos, dolores de las articulaciones, náuseas, vómitos y pérdida del apetito. Al tratarse de una enfermedad bacteriana, el tratamiento requiere antibióticos, normalmente derivados de la penicilina, que se deben administrar al menos durante 10 días. Durante este tiempo el niño o la niña suele necesitar reposo en casa y evitar el contacto cercano con otros niños; en muchos casos se recomienda reposo absoluto durante los días iniciales del tratamiento para facilitar la recuperación y reducir el riesgo de contagio.
Todo lo anterior es una breve introducción a lo que es la escarlatina, pero a continuación profundizaremos en qué es exactamente, cómo se contagia, qué síntomas produce, cómo se trata y qué complicaciones puede tener, tanto en niños como en adultos.
¿Qué es la escarlatina?

La escarlatina es una infección causada por la bacteria Streptococcus pyogenes, también conocida como estreptococo del grupo A. Esta bacteria es la misma que provoca la famosa faringitis estreptocócica (garganta enrojecida con inflamación y dolor), y en algunos casos produce una toxina que desencadena la característica erupción rojiza en la piel.
En muchos niños la escarlatina aparece después de una faringitis estreptocócica. Primero se manifiesta con dolor de garganta, fiebre y malestar general, y poco después surge el exantema (sarpullido). La erupción y la fiebre son los signos más claros que hacen sospechar esta enfermedad, junto con la llamada “lengua de fresa” o “lengua aframbuesada”, que se ve muy roja y con las papilas sobresalientes.
La fiebre escarlata solía ser una enfermedad muy grave en la infancia cuando no existían los antibióticos y era una causa importante de complicaciones cardiacas y renales. En la actualidad, gracias al diagnóstico precoz y al tratamiento antibiótico adecuado, la mayoría de los casos son leves y se resuelven en pocos días, aunque siguen apareciendo brotes en colegios y guarderías.
Hoy en día, los casos de escarlatina han disminuido en comparación con épocas pasadas, pero la faringitis estreptocócica continúa siendo muy común, especialmente en niños en edad escolar. Es importante saber que no existe vacuna específica contra la escarlatina, por lo que la prevención se basa principalmente en las medidas de higiene y el control del contagio.
¿Cómo se contagia la escarlatina?
Las bacterias que causan la escarlatina viven en la nariz, la garganta y, a veces, en la piel de las personas. Se propagan principalmente a través del contacto con la saliva y las gotitas respiratorias que expulsa una persona enferma al toser, estornudar o hablar. Estas pequeñas gotas pueden inhalarse directamente o depositarse en superficies y objetos.
El contagio se produce de manera muy similar a un resfriado común. Si la persona infectada se toca la nariz, la boca o los ojos y luego toca a otra persona, o si comparte cubiertos, vasos, juguetes o toallas, la bacteria puede pasar de una persona a otra. Por eso los ambientes cerrados con muchos niños, como guarderías y colegios, son lugares donde es fácil que aparezcan brotes de escarlatina.
Las formas más habituales de contagio son:
- Inhalar gotas de saliva o mucosidad expulsadas al toser o estornudar.
- Tocar superficies contaminadas (juguetes, mesas, pomos de puertas) y después llevarse la mano a la boca, nariz u ojos.
- Compartir platos, cubiertos o vasos con alguien que tiene la bacteria.
- Consumir alimentos manipulados por una persona infectada que no ha seguido una buena higiene de manos.
El periodo de incubación de la escarlatina suele ser de 2 a 5 días. Durante este tiempo la persona puede no tener síntomas o presentar molestias leves, lo que hace que sea difícil detectar y evitar el contagio en fases muy tempranas.
Los niños que ya han pasado escarlatina suelen desarrollar cierta inmunidad específica frente a esa toxina, por lo que no es tan frecuente que vuelvan a tener el típico sarpullido. Sin embargo, pueden volver a contraer infecciones por estreptococo de garganta.
En adultos, el contagio suele ocurrir cuando conviven o trabajan con niños, sobre todo en escuelas, guarderías o en el propio hogar. Padres, madres, maestros y personal de centros escolares pueden infectarse si no cuentan con inmunidad previa o si tienen un sistema inmunológico debilitado.
¿Cuáles son los síntomas de la escarlatina?
La escarlatina generalmente sigue a una infección de garganta por estreptococos. Los primeros síntomas suelen ser fiebre alta de aparición brusca, dolor intenso de garganta y malestar general. Aproximadamente al cabo de uno o dos días comienzan a aparecer las pequeñas erupciones rojas en forma de protuberancias que pueden doler o picar.
La erupción suele comenzar en el pecho y el abdomen y después se extiende por el cuello, la espalda, los brazos, las piernas e incluso la zona genital. La piel se nota rugosa y áspera. En muchos casos se observa un área más pálida alrededor de la boca y un enrojecimiento característico en los pliegues de la piel (axilas, codos, ingles).
La erupción suele durar entre dos y siete días. Cuando va disminuyendo, la piel empieza a pelarse o descamarse, especialmente en las puntas de los dedos de las manos y de los pies, así como en otras zonas donde la erupción fue más intensa.
Otros síntomas comunes de la escarlatina son:
- Escalofríos y sensación intensa de frío.
- Dolores de cabeza de intensidad variable.
- Dolor de garganta con manchas blancas y amarillas en las amígdalas.
- Inflamación de las amígdalas y dificultad para tragar.
- Náuseas y vómitos, sobre todo en niños pequeños.
- Ganglios inflamados y dolorosos en la parte posterior del cuello.
- Zonas de piel más pálidas alrededor de la boca y el cuello.
- Lengua blanca con puntos rojos que después se vuelve muy roja (lengua de fresa).
- Cansancio intenso y malestar general en todo el cuerpo.
En adultos los síntomas pueden ser algo más leves, pero suelen incluir igualmente dolor de garganta, fiebre, erupción cutánea y lengua aframbuesada. Es posible que no aparezcan todos los síntomas a la vez, y en algunos casos la fiebre puede ser poco llamativa o incluso ausente, pese a que exista el sarpullido típico.
Un médico será el encargado de confirmar el diagnóstico de escarlatina mediante una exploración física y, en muchos casos, una prueba rápida de detección del estreptococo o un cultivo de la garganta. Una vez confirmado, se iniciará el tratamiento antibiótico para frenar cuanto antes la infección y reducir el riesgo de complicaciones.
Diagnóstico de la escarlatina
Ante un niño o un adulto con fiebre, dolor de garganta y sarpullido rojo, el pediatra o el médico de familia suele sospechar escarlatina. Para confirmar el diagnóstico, además de la exploración de la piel, la garganta y los ganglios del cuello, se pueden utilizar varias pruebas.
Las más habituales son:
- Prueba rápida de estreptococo: se toma una muestra con un bastoncillo de algodón en la parte posterior de la garganta. En pocos minutos permite saber si hay estreptococo del grupo A. Es una prueba muy útil en consulta.
- Cultivo de frotis faríngeo: se realiza también con un bastoncillo, pero la muestra se envía al laboratorio. Tarda más tiempo en dar resultado, pero es más sensible y puede confirmar el diagnóstico cuando la prueba rápida es negativa y la sospecha clínica es alta.
El diagnóstico debe ser siempre individualizado por un profesional sanitario, ya que existen otras enfermedades virales que también causan fiebre y erupciones cutáneas (como la varicela, el sarampión u otras infecciones víricas), que no se tratan con antibióticos. Tratar sin confirmar puede favorecer el uso inadecuado de antibióticos y aumentar la resistencia bacteriana.
En los casos graves, o si se sospechan complicaciones, el médico puede solicitar análisis de sangre u otras pruebas complementarias para evaluar el estado general del niño y descartar afectación de órganos internos.
El tratamiento para la escarlatina

En cuanto el niño está diagnosticado con escarlatina, los médicos recetan de forma inmediata antibióticos. Estos medicamentos permiten que el sistema inmunológico pueda combatir mejor las bacterias que causan la infección, reducen el tiempo de contagio y disminuyen el riesgo de complicaciones a largo plazo.
Lo más habitual es prescribir penicilina o amoxicilina por vía oral durante unos 10 días. En algunos casos concretos, como alergia a la penicilina, se utilizan otros antibióticos adecuados. Es fundamental completar todo el tratamiento, sin saltarse tomas ni interrumpirlo antes de tiempo, incluso aunque el niño se encuentre mejor a los pocos días, para evitar recaídas o que la bacteria no se elimine por completo.
Para aliviar los síntomas, el médico puede recomendar:
- Ibuprofeno o paracetamol para bajar la fiebre y disminuir el dolor corporal.
- Analgésicos o sprays específicos para mitigar el dolor de garganta.
- Gárgaras con agua tibia y sal o agua con limón para aliviar la irritación de la garganta en niños suficientemente mayores para realizarlas con seguridad.
- Uso de un humidificador de aire frío en el dormitorio para mantener el ambiente húmedo y disminuir la molestia al respirar.
Además, es recomendable ofrecer al niño alimentos templados y suaves (purés, yogur, caldos) que no irriten la garganta, y también algunos alimentos o bebidas frías como helados o polos de hielo que pueden producir sensación de alivio local.
Beber abundantes líquidos es muy importante para prevenir la deshidratación, sobre todo cuando hay fiebre elevada y vómitos. El reposo y el sueño ayudan al organismo a recuperar fuerzas y a que el sistema inmunológico responda mejor.
Los niños con escarlatina deben evitar acudir a la escuela o guardería mientras tengan fiebre y hasta que hayan pasado al menos 24-48 horas desde el inicio del tratamiento antibiótico, ya que en ese periodo disminuye de forma notable la capacidad de contagio. Hasta entonces, lo más prudente es que no tengan actividades sociales ni contacto cercano con otros niños.
¿Pueden haber complicaciones por la escarlatina?
En la mayoría de los casos, la erupción cutánea y el resto de síntomas de la escarlatina desaparecen en torno a dos semanas, sin dejar secuelas. Sin embargo, como ocurre con muchas otras enfermedades infecciosas, si no se trata adecuadamente puede causar complicaciones importantes.
Entre las posibles complicaciones se encuentran:
- Infecciones locales como otitis media (infección de oído), sinusitis o infecciones de la piel.
- Neumonía u otras infecciones respiratorias más profundas.
- Inflamación de los ganglios linfáticos del cuello, que pueden doler y aumentar de tamaño de forma llamativa.
- Abscesos periamigdalares (acúmulo de pus junto a las amígdalas) que provocan mucho dolor y dificultad para abrir la boca.
- Glomerulonefritis, una inflamación de los filtros de los riñones que puede aparecer semanas después de la infección.
- Fiebre reumática, una enfermedad inflamatoria que puede afectar al corazón, las articulaciones, el cerebro o la piel, consecuencia de una respuesta inmunológica anómala frente al estreptococo.
- Artritis, o inflamación dolorosa de las articulaciones.
- Osteomielitis (infección de los huesos), que es una complicación poco frecuente, pero descrita.
Aunque estas complicaciones son hoy en día muy poco frecuentes gracias al uso de antibióticos, es importante seguir el tratamiento tal y como lo indica el médico y acudir de nuevo a consulta si el niño no mejora o empeora a pesar de la medicación.
En el caso de las mujeres embarazadas, la escarlatina no suele suponer un riesgo añadido para el feto. Lo más relevante es controlar los síntomas y asegurarse de que el tratamiento antibiótico utilizado sea seguro durante el embarazo, algo que el profesional sanitario valorará de forma individual.
Prevención de la escarlatina y cuidados en casa
La escarlatina es una enfermedad contagiosa, pero se pueden reducir mucho las probabilidades de contagio si se siguen una serie de medidas de higiene y prevención, especialmente en niños en edad escolar y en personas que conviven con ellos.
Las recomendaciones principales son:
- Lavarse las manos con frecuencia con agua y jabón durante al menos 20 segundos, sobre todo después de sonarse la nariz, toser, estornudar o cambiar pañales.
- Usar desinfectante de manos a base de alcohol cuando no se dispone de agua y jabón.
- Taparse la boca y la nariz con el codo o con un pañuelo desechable al toser o estornudar.
- No compartir cubiertos, vasos ni botellas con otras personas, especialmente en caso de enfermedad.
- En casa, mantener separados los utensilios de comida y cepillos de dientes del niño enfermo y lavarlos cuidadosamente tras cada uso.
- Enseñar a los niños la importancia de no llevarse las manos a la boca, nariz u ojos si han estado tocando superficies comunes o jugando con otros niños.
Después de 24-48 horas de iniciar el tratamiento antibiótico, la mayoría de las personas dejan de ser contagiosas, aunque es aconsejable que el niño siga descansando en casa hasta encontrarse realmente mejor y no tener fiebre.
En el hogar, además del tratamiento prescrito por el médico, pueden ayudar al bienestar del niño:
- Ofrecer bebidas frías o templadas y alimentos fáciles de tragar.
- Mantener un ambiente tranquilo y confortable para facilitar el descanso.
- Controlar la temperatura corporal y administrar los antitérmicos recomendados.
- Acudir de nuevo al profesional de salud si aparecen dificultad para respirar, dolor intenso, rigidez en el cuello o cualquier síntoma que preocupe.
La escarlatina o “fiebre escarlata” es una enfermedad que hoy se considera poco común y, en la mayoría de los casos, leve, pero que sigue requiriendo atención médica rápida para evitar su propagación y para reducir al mínimo el riesgo de complicaciones. Con una buena información, medidas de higiene constantes y siguiendo las indicaciones del pediatra o del médico de familia, las familias pueden manejar esta infección con mucha más tranquilidad.
Conocer cómo se contagia, cuáles son sus síntomas típicos y qué hacer ante la sospecha de escarlatina permite a madres, padres y cuidadores actuar a tiempo, proteger al resto de la familia y acompañar mejor al niño durante todo el proceso de la enfermedad hasta su recuperación completa.



