Humor infantil

Ventajas del buen humor
El sentido del humor es necesario en la vida familiar tanto como la disciplina, la educación o los valores. Nos permite ver los problemas en su dimensión correcta, ni sobrestimados ni subestimados. Sabernos reír de nuestros errores y asperezas facilita reconducir situaciones que, de otro modo, aumentarían las tensiones y los conflictos. Además, la risa es una de las expresiones que más beneficios aporta a una persona.

A medida que nuestros hijos crecen y empezamos a sentir la responsabilidad de su educación, nos ponemos perfeccionistas. Llevados por la tensión y el estrés, pasamos la mayor parte del tiempo corrigiendo de forma reactiva, o haciendo énfasis en los errores, los conflictos y las dificultades, y nos olvidamos de pasar tiempo con ellos divirtiéndonos. Dejamos de ser modelos de personas alegres y divertidas, meritorias de ser imitadas por su alto sentido del humor.

Seamos conscientes de que la alegría y el buen humor también se educan. A lo largo del día tenemos muchas oportunidades de vivir nuestra relación con los niños de forma entretenida. Un padre o una madre divertidos y alegres son tan o más dignos de crédito que aquellos que están siempre serios.

Los primeros chistes
Una de las manifestaciones más comunes del humor son los chistes. Ellos están fuertemente vinculados a los valores y a los hábitos culturales de una sociedad. Hay toda una tradición oral de chistes y dichos que los niños se transmiten unos a otros y luego los cuentan en sus casas para “ver que pasa”. A los pequeños de cuatro o cinco años, que empiezan a descubrir qué es eso de los chistes y comienzan a probar su habilidad con ellos, les parecen lo máximo de la comicidad y del ingenio. Nosotros aceptamos con benevolencia estas muestras de humor infantil que nos parecen un poco ingenuas.

Su humor se presenta como algo muy simple, porque aún no son capaces de comprender ni de reproducir estructuras narrativas largas y complejas. Además, las sutilezas de la ironía y del doble sentido están por ahora fuera de sus posibilidades. Así que lo que captan y llama su atención son rimas y juegos de palabras muy elementales. Aunque a esta edad su humor sea tan imitativo y obvio, no debemos desdeñar su importancia. Por ejemplo, los chistes con juegos de palabras son para ellos verdaderos trabalenguas en los que ejercitan los mecanismos del lenguaje.

Los chistes “subidos de tono”
El humor no es siempre blanco e inmaculado. Cuando los niños se dan cuenta de que algún chiste que han oído es fuerte, pueden tener la precaución de guardarlo para compartirlo solo entre ellos. Aún así, en otras ocasiones, nos lo cuentan a nosotros para probar su efecto. Muchas veces no conocen el alcance de lo que han oído, pero lo intuyen, lo que hace muy tentador contarlo para ver que pasa.

Lo mejor es no mostrarnos demasiado rígidos pues corremos el riesgo de crearles fantasmas mentales y prohibiciones innecesarias. No hay que dar a ciertas cosas más importancia de la que tienen.

Sin embargo también debemos indicarles cuando se exceden en el mal gusto. Conviene hacerlo con la firmeza pero también con la delicadeza necesarias. Si no ejercitan con nosotros la diferencia entre lo que es y lo que no es admisible, difícilmente lo aprenderán en otro lugar.

A veces es también una cuestión de oportunidad poder permitirse ciertas gracias y ciertas expresiones. Hay cosas que pueden decirse en determinados momentos y lugares. Aunque los niños pequeños tardan algún tiempo en calibrar lo que son inconveniencias y lo que no lo son, es nuestro propio ejemplo el que al final terminará operando en ellos.

Los chistes como advertencias
Es muy común que los niños repitan el mismo chiste una y otra vez. A esta edad no son extraños los comportamientos repetitivos, y con más razón si nos hemos reído de su broma la primera vez. Sin embargo, es importante estar atentos porque algunas preocupaciones o pequeñas obsesiones de los niños pueden revelarse en estos chistes reiterativos. Es muy probable que si nuestro hijo cuenta siempre el mismo chiste “verde”, nos esté pidiendo un poco más de información sexual que le despeje unas cuantas cuestiones que lo intrigan o le provocan confusión.

Muchas veces, cuando un niño insiste en provocarnos con palabras groseras o nos avergüenza reiterativamente ante las visitas, existe algún problema que no sabe expresar de otra manera. Esta conducta puede ser una forma de advertirnos que está celoso de su hermano, que le va mal en la escuela, o que precisa que le dediquemos más atención. Resulta imprescindible que estemos atentos a estos reclamos indirectos, a fin de poder dar respuesta a sus problemas y angustias.

Sugerencias para hacer frente a la rivalidad fraterna

  • El humor verbal ayuda a ejercitar diversos aspectos del lenguaje.
  • También cumple con una importante función socializadora. Ayuda al espíritu de grupo y a la camaradería, une y crea complicidad.
  • Los niños están haciendo sus primeros amigos y reír juntos los ayuda a estrechar lazos de amistad.
  • El sentido del humor puede proporcionar prestigio y popularidad entre los compañeros.
  • El humor se vincula con rasgos de la personalidad como la extraversión y la creatividad.
  • Produce experiencias de agudeza y de progreso intelectual.
  • Aprender a reírnos de nuestros errores, facilita reconducir situaciones que, de otro modo, aumentarían las tensiones y los conflictos familiares.
  • Un estilo educativo liberal y tolerante favorece en los niños el sentido del humor, mientras que éste suele faltar cuando los padres son rígidos y autoritarios.
  • Un niño excesivamente serio debe ponernos en alerta: puede que no sea feliz.

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