
El desarrollo de los sentidos es muy importante para la evolución del niño ya que éstos constituyen el vehículo a través del cual el pequeño entra en contacto con el exterior, lo conoce y, en consecuencia, evoluciona en su aprendizaje. Gracias al tacto, la vista, el oído, el gusto y el olfato nos comunicamos con otros seres humanos y entablamos relaciones de afecto con ellos.
Desarrollo del tacto antes y después del nacimiento
El tacto es el primer sentido que madura en el bebé. Dentro del útero, la piel ya responde a presiones y caricias, especialmente alrededor de la boca, y el feto explora chupándose el dedo o tocando el cordón. Al nacer, el paso del líquido amniótico al aire viene acompañado por el abrazo cálido de los brazos de los padres, lo que favorece el apego y la calma. El contacto piel con piel regula la temperatura, estabiliza el ritmo cardíaco, facilita la lactancia y aporta seguridad emocional.
El tacto
Es el primer sentido que el recién nacido aprende a utilizar. Hasta el tercer mes de vida, la sensibilidad táctil del bebé se concentra principalmente en la cabeza, la boca y el tronco. El pequeño responde a la presión, a la textura, a la temperatura, a la proximidad y al dolor. De ahí la importancia de la lactancia (un momento de comunicación por excelencia entre la madre y el niño), de las caricias, de los abrazos y del baño. Los masajes también ocupan un lugar destacado en el desarrollo del bebé. Además de transmitir cariño a través del contacto de la piel, permiten su relajación y bienestar.
En los momentos inmediatos al nacimiento, la piel de tu bebé estará en contacto con la tuya: respira más acompasado y se tranquiliza. Este contacto potencia el sistema inmunitario y reduce hormonas del estrés, favoreciendo que el bebé esté más alerta para aprender.
Primeros hitos táctiles y exploración
Durante los primeros meses, el bebé explora principalmente con la boca, que cuenta con muchísimas terminaciones nerviosas. Antes de ver con nitidez, “reconoce” chupetes u objetos por su relieve y textura. El reflejo de búsqueda le hace girar la cabeza y succionar cuando siente un roce en la mejilla, crucial para alimentarse.
Hacia los 4 meses se descubre las manos, las succiona y empieza a dirigirlas a objetos. Sobre los 5 meses mejora la aprehensión palmar y disfruta llevando juguetes a la boca para memorizar formas y materiales. Entre los 9 y 12 meses aparece la pinza fina (pulgar-índice), paso clave para manipular con precisión y comparar texturas con ambas manos.
Entre los seis y los nueve meses de vida, el pequeño comienza a explorar el mundo que lo rodea. Su tronco, brazos, piernas, manos y dedos, se convierten en las herramientas perfectas de exploración. Este es el momento de dejarlo experimentar con distintas texturas, temperaturas y formas. Como todavía no puede desplazarse y tiende a llevarse todo a la boca, la utilización de gimnasios de bebés con objetos de distintas características, resulta un excelente recurso de estimulación.
A medida que el niño va creciendo y su sentido del tacto se desarrolla, es muy importante que comience a procesar y relacionar la información que le proporciona la experiencia. Un juego que suele divertir mucho a los pequeños consiste en introducir sus manos en distintas cajas de cartón, dentro de las cuales se han dispuesto previamente objetos de varios tamaños, formas y texturas. Adivinar de qué se trata el objeto que han tocado después de describir las características del mismo, se convierte en un todo un reto.
Beneficios del tacto y rol en el aprendizaje

El tacto aporta un tesoro de información: localiza personas u objetos, distingue frío/calor y evalúa la presión. También avisa del dolor, ayudando a evitar riesgos. El contacto afectivo reduce el llanto y fortalece el vínculo; en prematuros, los masajes suaves contribuyen al aumento de peso y a menor estrés.
Respecto a la temperatura, los bebés muestran preferencias táctiles: si algo está agradablemente tibio, lo aceptan mejor; si está frío, lo rechazan. Evita el sobreabrigo y observa su lenguaje corporal para saber si tu bebé tiene frío o calor.
Neurológicamente, la piel alberga mecanorreceptores: células de Merkel (presión estática), corpúsculos de Meissner y Pacini (vibraciones rápidas) y terminaciones de Ruffini (estiramiento). Esta red alimenta la corteza somatosensorial para construir memoria táctil y percepción espacial.
Cómo estimular el sentido del tacto
Caricias y abrazos frecuentes, piel con piel tras el baño o al dormir, y masajes con aceite o crema favorecen el bienestar, la digestión y el sueño. Puedes acercar telas suaves, un doudou o un colgante con tintineo suave para enriquecer sensaciones.
Propuesta práctica en casa y al aire libre:
- Cariños y masajes con la mano, una pluma o algodón tras el baño.
- Objetos variados alrededor cuando se mantenga sentado: goma, madera, peluche, superficies rugosas/satinadas.
- Exploración del cuerpo de mamá/papá: pelo, nariz, boca.
- Texturas naturales: arena, césped, barro, agua; gatear descalzo por distintos suelos.
- Plastilina para amasar y modelar con manos.
- BLW o juegos con comida para conocer texturas, formas y temperaturas de alimentos seguros.
- Recolectar elementos en paseos: hojas, piedras, conchas; comparar peso y fragilidad.
- Panel de texturas con algodón, fieltro, lija, papel aluminio, gomaespuma.
- Cajas sensoriales con arroz/arena para buscar objetos ocultos.
- Pintura de dedos y huellas con manos/pies.
- Sonajeros para agitar y sentir vibración, integrando oído-tacto.
- Cosquillas respetuosas si le divierten; parar si muestra incomodidad.
- Bolas sensoriales con picos suaves o relieves para rodar y rebotar.
- Burbujas para tocar y reventar suavemente.
- Crema/espuma sobre una mesa forrada con plástico para dibujar con manos y utensilios.
- Baños sensoriales con esponjas, pelotas suaves y juguetes flotantes.
- Libros táctiles con páginas suaves/ásperas/brillantes.
- Materiales seguros: bloques de madera, pelotas de tela, anillos de dentición.
- Alfombras de actividades con distintos tejidos para comparar con ambas manos.
- Descalzo en casa (cuando sea seguro) para distinguir alfombra, madera o baldosa.
Señales sensoriales y seguridad
Un desarrollo táctil saludable combina curiosidad y tolerancia a nuevas sensaciones. Si notas hipersensibilidad (rechazo intenso a ciertas telas, texturas de comida o contacto) o hiposensibilidad (parece no notar dolor o busca presión fuerte), consulta con un terapeuta ocupacional pediátrico. Supervisa siempre la exploración, evita riesgos de atragantamiento e higiene los materiales.
El poder del contacto es enorme: cuando anticipa que vas a tocarle, se activa con emoción; cuando te siente, se calma y abre la atención. A través del tacto va distinguiendo formas, texturas, ubicaciones y temperaturas, construyendo su comprensión del mundo. Cerrando el círculo, el contacto afectivo también nutre el aprendizaje emocional y la relación con quienes más le quieren.

