Las paperas, también conocidas como parotiditis o parotiditis epidémica, son una enfermedad viral aguda y contagiosa que se transmite de persona a persona a través de las gotitas de saliva que expulsamos al toser, estornudar, hablar o incluso reír. El virus afecta principalmente a las glándulas salivares parótidas, situadas entre la oreja y la mandíbula, aunque también puede extenderse a otras partes del cuerpo.
Algunas personas pueden no tener síntomas o presentarlos de manera muy leve, pero aun así pueden transmitir el virus a otras personas, lo que favorece que haya contagios en cadena dentro de la familia, la escuela o el entorno laboral.
Hoy quiero hablarte sobre algunos mitos y algunas verdades sobre las paperas, pero antes de nada considero muy importante conocer qué son al detalle, cuáles son sus complicaciones posibles y por qué la vacunación es tan relevante.
¿Qué son exactamente las paperas y cómo se contagian?

Las paperas son una infección causada principalmente por el virus de la parotiditis, perteneciente a la familia de los paramixovirus. Este virus tiene una especial afinidad por las glándulas salivales, pero también puede llegar a otros órganos como el páncreas, el sistema nervioso central y, en el caso de los varones pospúberes, los testículos.
El contagio se produce sobre todo a través de gotas de saliva o moco respiratorio que salen de la boca y la nariz de una persona infectada al:
- toser o estornudar cerca de otra persona,
- hablar o reír a corta distancia,
- compartir vasos, cubiertos, botellas o tazas con alguien enfermo,
- usar pañuelos o servilletas contaminadas con saliva.
La persona con paperas es especialmente contagiosa desde unos días antes de que aparezcan los síntomas visibles (como la hinchazón de las mejillas) y durante varios días después. Ese período en el que ya se contagia pero todavía no se reconoce la enfermedad es una de las razones por las que las paperas se propagan con tanta facilidad en colegios, universidades y lugares cerrados.
¿Cuáles son los síntomas de las paperas?

Los síntomas de las paperas suelen aparecer entre 12 y 25 días después de que una persona haya estado expuesta al virus, lo que se conoce como período de incubación. En muchos casos, la infección empieza con síntomas muy parecidos a los de un cuadro respiratorio leve o una gripe suave.
Los síntomas más comunes son:
- Fiebre, que suele ser moderada pero puede ser constante.
- Dolor de cabeza y malestar general.
- Dolores musculares y sensación de cansancio intenso.
- Pérdida de apetito y desganas para comer.
- Molestias al masticar y al tragar, especialmente en el ángulo inferior de la oreja.
- Glándulas salivales inflamadas y dolorosas, sobre todo las parótidas, situadas delante y debajo de las orejas.
Es habitual que la persona note primero dolor al tragar, hablar o masticar, y poco después se haga evidente la hinchazón en una o ambas mejillas. Este aumento de tamaño de las glándulas puede provocar un aspecto muy característico del rostro, como si la mandíbula estuviera hinchada o “cuadrada”.

En entre un 20 y un 40% de las personas infectadas los síntomas pueden ser muy leves o incluso inexistentes. Aun así, estas personas pueden seguir transmitiendo el virus. Aproximadamente la mitad de los casos pueden presentar síntomas respiratorios inespecíficos (un poco de tos, malestar de garganta, algo de fiebre), con o sin inflamación visible de las glándulas salivales.
En los varones que han pasado la pubertad, hasta un 25-40% pueden experimentar dolor e inflamación testicular (orquitis), una complicación que explicaremos más adelante por su relación con la fertilidad.
Complicaciones posibles de las paperas que debes conocer

Aunque la mayoría de los casos de paperas cursan como una enfermedad autolimitada que se resuelve sin secuelas, no hay que olvidar que puede provocar complicaciones importantes si no se controla adecuadamente o si aparece en edades de mayor riesgo.
Entre las complicaciones descritas con más frecuencia se encuentran:
- Meningitis (inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal). Suele manifestarse con dolor de cabeza muy intenso, vómitos, rigidez de nuca o signos neurológicos. Aunque su aparición asusta mucho, el pronóstico en el contexto de las paperas suele ser bueno y con recuperación completa en la inmensa mayoría de los casos.
- Meningoencefalitis (cuando la inflamación se extiende al tejido cerebral). Puede darse durante o después de las paperas y se acompaña de cefalea intensa, vómitos explosivos y signos de compromiso neurológico.
- Pancreatitis (inflamación del páncreas). Se presenta con dolor en la parte alta del abdomen, vómitos e intolerancia alimentaria. El diagnóstico se confirma con pruebas de laboratorio que muestran inflamación de la glándula pancreática.
- Orquitis en varones adolescentes y adultos (inflamación dolorosa de uno o ambos testículos). Provoca aumento de volumen, dolor intenso y, a veces, enrojecimiento del escroto. Aunque preocupa por su relación con la fertilidad, la esterilidad total es una complicación poco frecuente.
- Ooforitis en mujeres (inflamación de los ovarios), que suele manifestarse con dolor abdominal bajo, aunque su impacto en la fertilidad femenina es mucho menor.
- Sordera en casos muy poco frecuentes, cuando el virus afecta al oído interno.
- Artritis u otras inflamaciones articulares, con dolor y rigidez en algunas articulaciones, especialmente en mujeres adultas.
En varones pospúberes, la orquitis relacionada con las paperas puede ocasionar atrofia parcial del testículo afectado. Si solo se afecta un testículo (lo más habitual), la fertilidad suele mantenerse, porque el otro testículo compensa la producción de espermatozoides y hormonas. Cuando se afectan ambos testículos, el riesgo de disminución de la capacidad reproductiva aumenta, aunque la esterilidad completa sigue siendo algo poco frecuente.
¿Existe algún tipo de prevención frente a las paperas?

No existe una vacuna que sea exclusivamente contra las paperas, pero sí una vacuna combinada muy eficaz: la triple vírica (también llamada SRP), que protege contra sarampión, rubéola y paperas.
Esta vacuna se administra de forma rutinaria en la infancia siguiendo el calendario vacunal oficial de cada país o región. Las pautas pueden variar ligeramente, pero lo más habitual es:
- una primera dosis alrededor de los 12 meses de edad,
- y una o dos dosis de refuerzo entre los 3 y los 6 años, según el calendario vigente en cada lugar.
Históricamente, en algunos calendarios se recomendaron tres dosis (por ejemplo: una al año, otra alrededor de los 4 años y medio y una posterior en la adolescencia, hacia los 11 años). En la mayoría de los calendarios actuales se consideran suficientes dos dosis administradas correctamente en la infancia. En España, por ejemplo, el esquema vigente pasó a contemplar generalmente dos dosis: una alrededor de los 12 meses y otra entre los 3 y 4 años, lo que ha mejorado significativamente la protección poblacional.
Además de la vacunación, es fundamental mantener ciertas medidas higiénicas para reducir el riesgo de contagio:
- evitar el contacto cercano con personas con síntomas compatibles,
- no compartir vasos, cubiertos, cepillos de dientes o botellas,
- cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar,
- lavarse las manos con frecuencia, sobre todo después de sonarse o tocarse la cara.
Los mitos y las verdades sobre las paperas

A continuación recogemos algunos de los mitos y verdades más frecuentes que suelen escucharse sobre esta enfermedad, integrando la información actual sobre contagio, fertilidad, brotes en adultos jóvenes y vacunación.
Siempre se inflaman ambas glándulas salivales
Falso. En muchas ocasiones, en las paperas solo se inflama una glándula salival, especialmente una parótida, y no siempre afecta a ambos lados a la vez. De hecho, aproximadamente en la mitad de los casos la inflamación es unilateral al inicio, y el otro lado puede inflamarse unos días después o incluso no llegar a inflamarse.
Es mejor exponer a los niños para que se contagien del virus
Falso. Todavía circula la idea de que es preferible “pasar las paperas de pequeño” y así “quedarse inmunizado de por vida”. Sin embargo, esta práctica supone un riesgo innecesario. Las paperas pueden tener complicaciones severas incluso en la infancia, y nunca se puede predecir qué niño desarrollará formas más graves.
Es mucho más seguro y responsable prevenir la enfermedad a través de la vacunación y no promover el contagio masivo. Si tienes un hijo que está contagiado, lo adecuado es:
- que el niño permanezca en casa sin acudir a la escuela durante el período de contagio,
- que toda la familia revise su calendario vacunal y se complete la vacunación si es necesario,
- extremar la higiene en el hogar (pañuelos desechables, lavado de manos, no compartir utensilios).

Las personas vacunadas no se contagiarán nunca más
Falso. La vacuna triple vírica es muy eficaz, pero no es infalible. Además, la protección depende de haber recibido el número adecuado de dosis y de cómo responde el sistema inmunitario de cada persona.
Si solo te has vacunado una vez en tu vida es más probable que te contagies de paperas que si tienes la pauta completa. En calendarios antiguos se recomendaban tres dosis, mientras que en muchos calendarios actuales se consideran suficientes dos dosis correctamente administradas (una en torno al año y otra entre los 3-6 años).
Con el paso del tiempo, algunos estudios han observado que la inmunidad frente a las paperas puede disminuir antes que la del sarampión o la rubéola. Por eso, en algunos brotes recientes se han visto casos en adultos jóvenes vacunados en la infancia. En estas situaciones, las autoridades sanitarias pueden recomendar dosis adicionales para grupos concretos, como estudiantes universitarios, personal sanitario o personas expuestas a un brote.
Si se cumplen todas las dosis recomendadas para tu cohorte de edad, la probabilidad de contraer la enfermedad disminuye de forma muy importante y, en caso de contagio, el curso suele ser más leve.
¿Alguien puede contagiarse de las paperas dos veces?
Esta creencia tiene matices importantes. Tradicionalmente se ha dicho que las enfermedades eruptivas de la infancia, como la varicela, las paperas o la rubéola, solo se dan una vez en la vida, porque una vez que se ha pasado la infección se logra inmunidad duradera frente al mismo virus.
En el caso de las paperas clásicas, causadas por el virus de la parotiditis, lo más frecuente es que quien la padece una vez quede protegido de manera prolongada. Sin embargo, en algunas series clínicas se ha descrito que otras infecciones virales o bacterianas pueden producir inflamaciones de las glándulas salivales similares a las paperas. Por eso hay personas que creen haber tenido paperas “dos veces”, cuando en realidad uno de los episodios pudo ser causado por otro microorganismo diferente.
En situaciones de desnutrición grave, inmunodeficiencias o enfermedades muy debilitantes, la respuesta inmunitaria puede ser insuficiente y permitir una nueva infección. Estos casos son excepcionales.
¿Los niños tienen mayor riesgo de contagio que los adultos?

Falso. Cualquier persona no vacunada o con esquema incompleto que esté en contacto con alguien contagiado tiene muchas probabilidades de infectarse, sin importar la edad. Lo que ocurre es que se vigila más de cerca la salud de los niños porque son especialmente vulnerables y porque la escuela es un entorno donde el virus se propaga con facilidad.
Sin embargo, en los últimos años se ha observado que en muchos brotes los más afectados son adolescentes y adultos jóvenes. Esto ocurre porque:
- algunos no completaron su esquema de vacunación,
- otros perdieron parte de la inmunidad con el paso del tiempo,
- y suelen convivir en espacios cerrados y masificados (universidades, residencias, lugares de trabajo).
Por eso, los adultos también deberían revisar si cumplen todo el calendario de vacunas contra las paperas y consultar con su profesional sanitario si necesitan una dosis de recuerdo, especialmente si pertenecen a grupos de riesgo o están expuestos a brotes.
Los adultos no deben vacunarse contra las paperas
Falso. Los adultos sin evidencia clara de inmunidad (no haber pasado la enfermedad ni tener la vacunación documentada) pueden y, en muchos casos, deben vacunarse.
En general, se recomienda que:
- Los adultos sin contraindicación médica reciban al menos una dosis de la triple vírica si no recuerdan haber sido vacunados ni haber pasado las paperas.
- Ciertos grupos, como estudiantes universitarios, personal de salud y viajeros internacionales, reciban dos dosis o aporten pruebas fiables de inmunidad, ya que tienen mayor riesgo de exposición y transmisión.
Algunas referencias epidemiológicas utilizan la fecha de nacimiento de 1957 como criterio orientativo para presumir inmunidad por exposición natural en ciertos países; sin embargo, esto depende de las recomendaciones locales y de la situación epidemiológica, por lo que es importante consultar las guías de salud pública de tu región o a tu profesional sanitario para confirmar si necesitas vacunación.
Las mujeres en edad fértil que no estén embarazadas y no tengan contraindicación también deben comprobar su estatus vacunal para estar protegidas antes de un posible embarazo. La vacuna con virus vivos atenuados no se administra a embarazadas ni a personas con inmunodepresión grave, salvo indicación muy específica de un especialista.
Las vacunas no son seguras
Falso. La vacuna de la triple vírica ha demostrado ser muy segura y eficaz tras décadas de uso masivo en millones de personas. Los efectos secundarios suelen ser leves y de corta duración.
Entre las reacciones leves más frecuentes se encuentran:
- fiebre baja durante uno o dos días,
- enrojecimiento e hinchazón en la zona de la inyección,
- en algunas mujeres adultas, molestias articulares leves temporales.
Como con cualquier medicamento o vacuna, existe un pequeño riesgo de reacciones más graves, pero su frecuencia es extraordinariamente baja. En cambio, los riesgos de padecer sarampión, paperas o rubéola sin vacunar son mucho mayores, tanto a corto como a largo plazo.
La vacuna triple vírica no debe administrarse a personas embarazadas ni a quienes estén gravemente inmunodeprimidos. Para el resto de personas sanas, es una herramienta fundamental para protegerse individualmente y proteger a la comunidad mediante la inmunidad de grupo.
Paperas y fertilidad masculina: mitos, riesgos reales y matices
Uno de los miedos más extendidos es la posible relación entre las paperas y la infertilidad masculina. Esta preocupación se debe a que, en varones que han pasado la pubertad, el virus puede causar orquitis, es decir, una inflamación dolorosa de uno o ambos testículos.
Cuando la orquitis es consecuencia de las paperas, el testículo puede sufrir:
- descenso de la testosterona durante el proceso inflamatorio,
- una reducción en la cantidad y calidad de los espermatozoides,
- y, en algunos casos, atrofia parcial del tejido testicular afectado.
Estos efectos son más significativos si la infección ocurre después de la adolescencia, cuando el aparato reproductor ya está completamente desarrollado. Aun así, la esterilidad total y permanente debida únicamente a las paperas es una complicación considerada rara. Lo que puede ocurrir con más frecuencia es una disminución moderada de la fertilidad, sobre todo si la orquitis afecta a ambos testículos.
Algunos estudios han analizado también la posible aparición de anticuerpos contra los espermatozoides tras una orquitis por paperas, lo que podría interferir con la fertilidad. Sin embargo, los datos disponibles no son concluyentes y no permiten afirmar que esta respuesta inmunitaria sea una causa frecuente de infertilidad derivada de las paperas.
En la práctica, muchos hombres que tuvieron paperas con inflamación testicular en la adolescencia o la adultez pueden lograr embarazos sin necesidad de tratamientos de reproducción asistida. Si existen dudas, los especialistas recomiendan realizar un seminograma o espermatograma para valorar la concentración, movilidad y morfología de los espermatozoides.
Tratamiento y cuidados cuando ya hay paperas
Las paperas están causadas por un virus, por lo que no existe un antibiótico que las cure. El tratamiento es principalmente sintomático y se basa en aliviar las molestias mientras el organismo combate la infección.
Entre las medidas de tratamiento y cuidados más habituales se encuentran:
- Administrar analgésicos y antipiréticos (siempre según la pauta del pediatra o del médico) para el dolor y la fiebre.
- Aplicar paños calientes o fríos en la zona de las glándulas hinchadas para aliviar el dolor.
- Ofrecer una dieta blanda y suave que no requiera masticar mucho (purés, yogur, sopas) para reducir el dolor al comer.
- Evitar jugos o alimentos muy ácidos, ya que aumentan la producción de saliva y pueden intensificar el dolor.
- Asegurar una hidratación adecuada bebiendo líquidos en pequeñas cantidades y con frecuencia.
- En caso de orquitis, se recomienda reposo, compresas frías locales y, a veces, calzoncillos de tipo suspensorio para sujetar el escroto y disminuir el dolor.
En cuadros con dolor muy intenso o complicaciones, el médico puede valorar el uso de otros fármacos y la necesidad de observación más estrecha. Ante signos de alarma como dolor de cabeza muy fuerte, vómitos repetidos, rigidez de cuello, dificultad para despertar, dolor abdominal intenso o fuerte dolor testicular, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias.
¿Te ha quedado claro lo que son las paperas y los mitos y verdades que hay alrededor de ellas? ¿Tienes más dudas acerca de esta enfermedad? Si no estás vacunado o no sabes si completaste todas tus dosis, consultar con tu profesional de salud y actualizar tu vacunación es una buena idea para reducir el riesgo de contagiarte o de contagiar a otras personas; las paperas pueden cursar sin complicaciones, pero también transformarse en un problema serio para la salud si se infravaloran sus riesgos y se descuida la prevención.