Dar a probar alcohol a los niños: una práctica arriesgada e innecesaria

Probaditas-alcohol

¿Cómo? ¿En serio? ¡Si es verdad esto “me caigo muerta”! (lo de caerme muerta no va en serio… es que lo he oído en alguna serie 😉 ). A veces me parece que los padres hemos perdido el Norte, en realidad hemos perdido todos los puntos cardinales, en relación a cómo educamos y / o acompañamos a los niños y adolescentes en este apasionante camino que es ‘llegar a la adultez’. Que conste que he escrito ‘a veces’, porque también encuentro a muchísimos progenitores sensatos que con errores y todo, no solo lo hacen lo mejor que saben, sino que cada día se superan un poquito.

Y sí: más vale que me ponga a la faena, porque se me va el hilo. Esto va de mamás o papás que permiten que sus vástagos (aún pequeños, nada de adolescentes) prueben alcohol – cerveza o vino generalmente – en celebraciones u otros eventos. ¡Y yo que pensaba que esta práctica había sido desterrada de las familias! Una no puede evitar preguntarse, ¿de qué nos sirve toda la información que tenemos sobre TODO? ¿es que aún hay quien no sabe que beber alcohol es un riesgo para organismos en desarrollo? (y beberlo habitualmente o en exceso es peligroso para cualquiera).

Cuando éramos pequeños era más frecuente que se administrara leche con algún licor a un niño muy resfriado, que se les dejara beber café antes de los 10, que ante la insistencia del peque, la mamá acabara permitiendo que diera un par de caladas a un cigarrillo durante una comida en familia… El ejemplo lo es todo, y cuando normalizamos nuestra relación con los tóxicos (vale, sacamos al café del grupo, ¿o no?) demos un mensaje de aceptación hacia las sustancias. Pero si además somos los que iniciamos, ¡uf! (“yo es que le he comprado su primera cajetilla de tabaco para que no vaya a comprarlo por ahí”, esto sería chistoso si no dieran ganas de llorar).

Las probaditas: una práctica arriesgada e innecesaria.

Resulta que ante la falta de sentido común por la que nos caracterizamos, la revista de la AAP “Pediatrics” publicó en febrero de este mismo año un trabajo llamado “Parents Who Supply Sips of Alcohol in Early Adolescence: A Prospective Study of Risk Factors”. Una de las preguntas que de entrada se hicieron los investigadores fue si ante las altas tasas de consumo de alcohol en la adolescencia temprana, existían diferencias entre los que habían tomado alguna bebida previamente en el ámbito familiar, y los que no.

El profesor de psiquiatría John E. Donovan está convencido de que los progenitores no deben ser proveedores de alcohol para sus hijas e hijos, pues las “probaditas”, que es como popularmente se llama a esta práctica de iniciación, podrían estar relacionadas con el inicio del consumo de alcohol a edades tempranas (12, 13, 14 años). Según parece hay mamás y papás que consideran que un niño entre los 10 y los 12 / 13 años, puede estar preparado para beber una copa acompañando al progenitor. Como es de esperar, la primera vez que toman cerveza o vino, no son capaces de acabar la cantidad que se les pone; pero uno de los estudios reseñados por Pediatrics en esta investigación prospectiva de otros trabajos, relaciona haber probado alcohol antes de sexto grado (6º de Primaria en España) con emborracharse o consumir a los 14 años.

Beber alcohol tempranamente, ¿tan peligroso es?

Pues sí, efectivamente: estamos hablando de personas que atraviesan un período de cambios a todos los niveles. El alcohol puede dañar el cerebro, provocar intoxicación etílica aguda, o causar accidentes de tráfico; también se asocia con comportamientos sexuales peligrosos y afecta a las hormonas, provocando alteraciones. En ocasiones es causa de comportamientos violentos o suicidio. Se relaciona con un rendimiento académico deficiente y con otros problemas. Por cierto, que no se me olvide, algunos estudios de neurobiología sitúan en los 21 años el final de la maduración cerebral. El ‘recorrido’ es largo desde luego, y creo que esto nos podría indicar que antes de esa edad hay muchas posibilidades de actuar sin pensar, ser impulsivo, etc., no como aspectos negativos (entendedme) sino como parte del desarrollo humano, como necesidad de que las madres y los padres estemos un poco pendientes de que este sea saludable.

El modelo familiar.

Los progenitores, como ejemplo que somos, deberíamos hacer acopio de coherencia, y no siempre es así. Es de sentido común que si abusas de medicamentos, drogas ilegales, tabaco o alcohol, hay probabilidades de que te imiten. Respecto a consumir (los adultos) en celebraciones familiares, si es esporádicamente, no tiene por qué tener más consecuencias, porque en la educación familiar, también hay un mensaje implícito respecto a que la infancia o la madurez son diferentes, y no siempre podemos hacer las mismas cosas. Por ejemplo, a mí YA no se me ocurre subirme a los árboles cómo hacía en el pasado, pero aún puedo saltar; y mis hijos aunque ansían crecer (como todos los peques) conocen muy bien a dónde pueden llegar y a dónde no. No pueden (ni saben conducir), no pueden ir a comprar solos, ni proveerse de ropa cuando se les rompe, pueden caminar 10 kilómetros, pero no 100, etc.

Lo que quiero decir con esto es que el hecho de ver a mamá tomando una cerveza en un momento dado, es muy diferente a si fuera una práctica habitual, y sobre todo si se habla en familia y se exponen las posturas (la comunicación y el verbalizar son importantísimos). En esta comunicación también podemos esperar que los hijos hagan preguntas y sientan curiosidad.

Y vuelvo a recordar que es del todo inapropiado que seamos nosotros los que les demos la copa, porque aunque el argumento “es que es solo para mayores” está muy manido, es exactamente el que debemos creernos. ¿O acaso le das las llaves del coche al de 10? ¿le administras un medicamento para adultos a un peque de 8? ¿dejas salir de noche al de 11? Es que hay cosas que son para mayores, porque los mayores (o por lo menos a partir de una edad que podría estar entre los 16 y los 21) deberíamos saber resolver imprevistos, tomar decisiones consecuentemente, etc.

No parece muy buena idea ayudarles a “quemar etapas”, primero porque cuando dejas de ser niño no vas a volverlo a ser, y te vas a hartar de ser adulto con todos esos años que tienes por delante; segundo porque realmente no están preparados para hacer según qué cosas, las consecuencias pueden ser muy negativas.


Categorías

Seguridad

Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

Escribe un comentario