Los 9 trastornos del sueño más comunes

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Trataremos hoy los trastornos del sueño más habituales en la población general, estés o no embrazada. No haremos un ranking de ellos, porque estos trastornos pueden afectar tanto a niños, como a adultos, y en cualquier momento de la vida. Aunque lo cierto es que tienen un segmento de edad en el que son más comunes, y alguno, como el sonambulismo puede ser hereditario. 

Hay trastornos tan variados como el insomnio de conciliación, y el de mantenimiento, la hipersomnia, las pesadillas, el sonambulismo o la narcolepsia. Algunos se deben a factores biológicos, y otros aparecen como consecuencia del estilo de vida.

Insominio, hipersomnia y narcolepsia

Madre con sueño

El insomnio y la hipersomnia son dos trastornos del sueño tan comunes que casi nadie se ha librado de uno u otro. El insomnio se define como una dificultad persistente, más de un mes, para conciliar el sueño o para mantenerse dormido. Tanto el insomnio de conciliación como el de mantenimiento se asocian a la ansiedad. Y se pueden dar de manera simultánea.

La hipersomnia o somnolencia excesiva también debe mantenerse durante al menos un mes para poder ser considerada como un trastorno. Las personas que sufren un exceso de somnolencia en el día tienen un descenso en el rendimiento cognitivo, lo que interfiere en la realización de tareas cotidianas. La hipersomnia es uno de los síntomas fundamentales de la narcolepsia, otro trastorno.

El síntoma más evidente de la narcolepsia son los accesos súbitos de sueño que se dan durante la vigilia, más allá de si la persona ha dormido mucho o poco. Otros signos típicos de la narcolepsia son la cataplexia, las alucinaciones hipnagógicas y las parálisis del sueño. Este trastorno se relaciona con un déficit de la hormona orexina o hipocretina.

Trastornos del sueño relacionados con otros problemas

sueño embarazadas

La apnea del sueño es el trastorno respiratorio del sueño más representativo. En realidad es un conjunto de alteraciones que se relacionan con problemas respiratorios, que provocan insomnio y/o hipersomnia. Estos trastornos se deben a la hipoventilación. La apnea que provoca fuertes ronquidos, pero en muy raras ocasiones puede llegar a causar la muerte.

El síndrome de piernas inquietas se diagnostica cuando una persona al intentar dormir, experimenta sensaciones desagradables en las piernas que la impulsan a moverlas. Este trastorno se da con mayor frecuencia en quienes sufren enfermedades como la de Parkinson, la diabetes mellitus o la artritis reumatoide, y durante el embarazo.

El diagnóstico de trastorno del ritmo circadiano se da cuando se producen alteraciones del sueño por causa de una desestructuración del ciclo sueño-vigilia. En general esta ruptura viene provocada por factores ambientales. Hay tres tipos principales: el de sueño retrasado, que se da en personas con problemas para dormir en las horas socialmente aceptadas, el de jet lag, derivado de viajes entre lugares con distintos husos horarios, y el de cambios de turno de trabajo.

Pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo

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Las pesadillas son muy comunes, sobre todo en niños de niños de 3 a 5 años. Para que se consideren trastorno del sueño deben ser pesadillas severas, recurrentes, y que interfieran en su rendimiento. Se trata de un fenómeno no específico, con causas fundamentalmente psicológicas y emocionales.

Los terrores nocturnos son episodios de despertares bruscos. Se inician con llantos y gritos de angustia. A pesar de que son preocupantes para los padres, los niños no los recuerdan. Aquí tienes más información sobre cómo ayudar a tu hijo si tiene terrores nocturnos. Desde un punto de vista biológico los terrores nocturnos parecen tener una relación muy estrecha con el sonambulismo.

El sonambulismo es un trastorno del sueño que se caracteriza porque quien lo padece tiene comportamientos similares a los de la vigilia. Es muy común que las personas sonámbulas se levanten de la cama y realicen actividades como hablar o comer. Los episodios de sonambulismo se dan, sobre todo, en el primer tercio de la noche. Son más habituales en preadolescentes y adolescentes, entre los 10 y los 14 años. Tienden a desaparecer a medida que el cerebro madura.


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