Enseña a tus hijos la diferencia entre bromas divertidas y bromas pesadas

Hoy es el día de los Inocentes, tradicionalmente el día de las bromas, y lo es desde la Edad Media que se incluyó esta idea. Eso en España y Latinoamérica, únicas zonas en las que se celebra este día. Todas hemos recibido bromas, y las hemos gastado, pero las bromas no son todas iguales: hay bromas divertidas y las hay pesadas. Precisamente de ambas, de sus diferencias, del sentido del humor queremos hablarte.

Las bromas no dejan de ser una manera de expresarse y comunicarse. La mayoría de las veces, cuando un niño o niña dice es broma, intenta excusarse, busca que la otra persona, niño o adulto, no se enfade. Pero, con frecuencia una broma encubre sentimientos o pensamientos ocultos. 

Bromas y niños que tienen dificultad para socializar

Las bromas bien intencionadas son una forma de comunicación, forman parte de la socialización. Sin embrago hay niños para los que las  bromas divertidas les pueden herir o malinterpretarse, bien porque aún no tienen la madurez para comprenderlas, o porque tienen dificultades con las habilidades sociales. Hay niños y niñas a los que les cuesta hacer amigos, y son capaces de aguantar bromas pesadas porque quieren seguir siendo parte del grupo o ser aceptados.

Las bromas pueden ser difíciles de entender para los niños con dificultad para entablar conversaciones o para captar las señales sociales. Un gran reto es saber cómo responder. Algunos no se dan cuenta si alguien les está haciendo una broma sin mala intención o si está intentando acosarlo.

Hay bromas pesadas que terminan en acoso o están cerca de bullying. Es importante explicarle a los niños que el acoso verbal es diferente a bromear. Éste no se hace con la intención de hacer amigos o para relacionarse con alguien. Al contrario: el objetivo es avergonzar a la víctima y que el acosador parezca mejor y más fuerte.

Los daños que las bromas pesadas causan a los niños

Niños y niñas tienen un pensamiento mágico, lo que significa que en su mente todo puede suceder. Por tanto bromas del tipo: a tu padre se lo ha comido el lobo, o tu madre se ha ido a vivir a otro planeta, son ideas que los niños pequeños pueden asumir como verdades. Cuando el niño procesa esa terrible noticia, no se ríe, no le hace ninguna gracia, al contrario, se angustia. 

Por eso, para un niño no hay nada más terrible que una broma sobre los padres, que son su principal fuente de apoyo y seguridad emocional. Debes explicarle esto a tus hijos, y también a muchos adultos, cuando lo hagan.

También este tipo de bromas puede generar una sensación de culpa. El mundo infantil es bastante egocéntrico y autorreferencial, lo que significa que para el niño, o la niña todo gira a su alrededor. Por tanto, si un adulto u otro hermano mayor le dice bromeando que alguien ha sufrido un daño, es probable que el niño se pregunte si ha sido culpa suya y termine creyendo que es así.

Niños y sentidos del humor

Un niño, primero copia el humor de los padres. Busca la aceptación social, es el humor pro social, repite sin parar algo que una vez hizo sin querer y que a los adultos les pareció gracioso, aunque no entienda el porqué. Al menos es lo que dice un estudio realizado en la Universidad de New Hampshire.

A los 12 meses, los bebés ya parecen tener suficiente experiencia vital para tomar sus propias decisiones respecto al humor, sobre lo que es divertido y lo que no. A partir de ahí, siguen unos patrones evolutivos comunes a todos los niños. Según Meredith Gattis, psicóloga de la Universidad de Cardiff la edad crítica para entender el humor es a los dos años. Empiezan a comprender cuando uno hace algo equivocado con la intención de hacer reír.

A medida que crecen los niños pierden algo de espontaneidad, por su progresiva introducción en el mundo de los adultos. Pero, si los padres ríen a menudo y enfrentan los problemas con una sonrisa en los labios, muy probablemente los hijos aprendan a reaccionar de la misma forma. Y por si fuera poco, un estudio de la Université Paris Ouest Nanterre La Défense, en Francia, encontró que el sentido del humor contribuye a que los niños aprendan mejor, porque la risa aumenta la dopamina a nivel cerebral y activa el sistema de recompensa. Y risas y bromas siempre van de la mano.


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