
Este es un blog en el que las editoras somos mujeres y escribimos sobre maternidad, infancia, educación y salud; cuando se habla de maternidades, es indiscutible que se debe hablar también de paternidades por muchas razones. La crianza y educación de los hijos es responsabilidad compartida (a falta de comunidades más extensas); y estamos sacando adelante a niños y niñas que conformarán la sociedad del futuro; para mí no hay ninguna duda.
Me resulta obvio también que debamos abordar una cuestión tan de actualidad como la violencia de género; y no sólo porque esté presente en la agenda pública, también porque madres y padres queremos vivir en una sociedad no violenta. Hay tantas mujeres y hombres que no quieren dar la espalda a esta realidad que merece la pena tratar el tema con rigor. Desde que, a finales de los 90, se empezó a visibilizar la violencia de género en España (antes se sufría en silencio) llevamos más de mil mujeres asesinadas. Diversos análisis han evidenciado que esa cifra supera a víctimas de otras violencias de naturaleza política. Todas las víctimas, no sólo quienes pierden la vida, sino sus familiares, merecen respeto; sin embargo, el tratamiento mediático, social y político no siempre ha sido equiparable. Hoy vamos a descubrir que la violencia contra las mujeres tiene muchos más matices de los que piensas; sigue leyendo y lo verás.
Antes, querría mencionar que, tras reformas recientes del Código Penal, se incluye como agravante el de “género” (artículo 22.4), por lo que se puede imponer la libertad vigilada en delitos contra la vida, de malos tratos y violencia doméstica. Aunque las reacciones de protección y tratamiento de la violencia de género aún dejan que desear, sí se aprecian avances normativos y de política pública.
Estas semanas estamos viviendo (sí, viviendo, porque debería ser obligación ponernos en lugar de las víctimas y sus familiares) con rabia cómo mujeres y niños son asesinados violentamente. Es necesaria la movilización y también la prevención; y las víctimas no se reducen a esas más de mil mujeres que han perdido la vida. Se han llegado a registrar centenares de denuncias diarias; ¿y sabes cuántas mujeres están sufriendo esta violencia? según datos oficiales del sistema VioGén, son cientos de miles de casos entre activos, inactivos, en espera y bajas. Esta información puede consultarse en el Observatorio de la Violencia.
Violencia de Género: un problema multidimensional
Es una manifestación clarísima de desigualdades y relaciones de poder / dominación de hombres sobre mujeres. Organismos internacionales han señalado que la violencia contra las mujeres es uno de los crímenes más silenciados del mundo.
No tengo ningún reparo en mostrar que la violencia de género incluye “violencias” que en ocasiones apenas percibimos; son muchos los profesionales de diferentes disciplinas, y muchas más personas anónimas, los que vienen denunciándolo. Me remito para explicarlo al Ministerio de Justicia de Argentina. Las formas de manifestarse de esta violencia son:
- Doméstica: cuando se daña la dignidad, bienestar, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial.
- Institucional: cuando se retrasa, obstaculiza o impide que las mujeres tengan acceso a políticas públicas y ejerzan derechos previstos.
- Laboral: discriminación en el trabajo; brechas salariales y de promoción para idénticas responsabilidades.
- Contra la libertad reproductiva.
- Obstétrica: ejercida por personal de salud sobre el cuerpo y procesos reproductivos; se expresa en trato deshumanizado, abuso de medicalización y patologización de procesos naturales.
- Mediática: publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados que promuevan la explotación de las mujeres o legitimen patrones que reproducen desigualdad.
Por otra parte, esta imagen de Amnistía Internacional explica de qué forma se ejerce esta violencia: en ocasiones es visible, otras no; y no siempre se hace de forma explícita.
Cualquier víctima de violencia de género sufre consecuencias en mayor o menor grado; dependerá de la personalidad y de los apoyos disponibles. En algunos casos se minimiza la agresión, se niega o se justifica; más graves aún son las consecuencias psicológicas (por no hablar de las físicas, más evidentes): depresiones, estrés, rencor, dificultades para establecer relaciones saludables, desconfianza en otras personas; incluso en ocasiones se recurre a sustancias adictivas (alcohol u otras drogas).
Me niego a normalizar cualquier tipo de violencia contra las mujeres, porque soy mujer, madre, pero sobre todo persona, y quiero una sociedad en la que se establezcan relaciones igualitarias y se proteja de verdad a los más vulnerables.
Definiciones y marcos legales clave

La Organización de las Naciones Unidas define la violencia contra la mujer como todo acto de violencia de género que resulte o pueda resultar en daño físico, sexual o psicológico, inclusive amenazas, coacción o privación arbitraria de libertad, tanto en la esfera pública como en la privada. La IV Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing reconoció que esta violencia es manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres.
En España, la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género define esta violencia como la ejercida por quienes sean o hayan sido cónyuges o personas con relación de afectividad, aun sin convivencia, cuando tenga como resultado daño físico, sexual o psicológico, amenazas, coacción o privación de libertad. En el ámbito europeo, el Convenio de Estambul tipifica como delito todas las formas de violencia contra la mujer, incluidas las no infligidas por la pareja o expareja.
- Violencias física, psicológica, económica y sexual.
- Violación y abusos sexuales.
- Mutilación genital femenina.
- Matrimonio forzado.
- Acoso, aborto forzado y esterilización forzada.
Un avance normativo específico ha sido la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, conocida como “Ley del sí es sí”, que coloca el consentimiento en el centro, establece centros de crisis 24/7 para atención especializada y promueve formación con enfoque de género a policías, personal sanitario, forenses y operadores de justicia para reducir estereotipos y sesgos en la atención y en los procesos.
Cómo se manifiesta y escala la violencia: visible e invisible

La violencia de género puede darse tanto en la esfera privada como en la pública y no es innata, sino aprendida y normalizada por patrones culturales. Existen formas más visibles (lesiones, abuso sexual, violación, asesinato) y otras menos obvias (control económico, aislamiento, lenguaje sexista y control coercitivo).
Violencia física
Incluye actos de fuerza contra el cuerpo de la mujer que producen daños o lesiones: golpes, empujones, quemaduras, fracturas, tirones de pelo, intentos de estrangulamiento o de asesinato, y lesiones durante el embarazo. Aunque parece la más fácil de probar, a veces no deja marcas visibles (por ejemplo, una bofetada) y puede quedar invisibilizada.
Violencia psicológica
Abarca conductas verbales o no verbales que generan desvalorización o sufrimiento: insultos, amenazas, intimidaciones, menosprecios, abuso de autoridad y exigencia de obediencia (control del móvil o correo, imposición de vestimenta), falta de respeto, silencio e incomunicación, culpabilización sistemática y celos que derivan en aislamiento social.
Violencia sexual y abusos
Comprende cualquier acto sexual no consentido, incluyendo la imposición mediante fuerza o intimidación de relaciones o prácticas no deseadas; también el acoso sexual (exigir conductas sexuales bajo amenaza, en lugares o momentos inapropiados, o reaccionar con agresividad ante la negativa).
Violencia económica
Conductas y actos del agresor para controlar los ingresos y recursos, generando dependencia económica de la mujer y sus hijos/as: limitar el acceso al dinero, decidir en qué se gasta, impedir trabajar o formarse y dificultar la conciliación.
Impacto en la salud y papel de los servicios sanitarios

El impacto de esta violencia no se limita a lo inmediato: provoca problemas de salud física, mental, sexual y reproductiva a corto y largo plazo, y afecta a hijas e hijos que viven expuestos a la violencia, con consecuencias en su desarrollo y bienestar. Los servicios de salud, especialmente la Atención Primaria, tienen un papel crucial: muchas mujeres contactan con el sistema por embarazo, parto, revisiones o cuidados. La detección temprana facilita la ruptura del silencio, permite acompañar y respetar la autonomía, y reduce riesgos de escalada.
Los protocolos sanitarios recomiendan formación continua con perspectiva de género, detección activa en contextos clínicos adecuados, registro cuidadoso (con protección de datos), coordinación con recursos sociales y judiciales, y apoyo psicológico accesible. La respuesta debe ser integral, con recursos suficientes y coordinación interinstitucional.
Barreras para pedir ayuda y factores personales

Además de la violencia, influyen circunstancias personales que retrasan o aceleran la búsqueda de ayuda. Un porcentaje significativo dependía económicamente del agresor cuando se inició el maltrato y también cuando pidieron ayuda. La edad importa (reaccionan antes muchas mujeres menores de 35 y más tarde las mayores), la maternidad (denuncian antes quienes no tienen hijos) y el nivel de formación (mujeres con estudios universitarios tienden a tardar menos).
Entre los motivos para tardar en denunciar o pedir ayuda destacan: pensar que “no me podrían ayudar”, no saber “dónde ni cómo pedir ayuda”, y miedo o desconocimiento del proceso judicial. El apoyo del entorno importa: una parte relevante decidió pedir ayuda gracias al ánimo de una persona cercana. La confianza en las medidas y en la justicia es clave; por ello, es esencial demostrar eficacia de la protección, agilizar trámites y mejorar la información pública sobre recursos.
Datos clave y tendencias
Los juzgados españoles reciben decenas de miles de denuncias cada trimestre; en un periodo reciente se registraron más de 140.000. Las víctimas contabilizadas superaron ampliamente las 40.000, con una tasa de alrededor de 18 víctimas por cada 10.000 mujeres. La mayoría de las víctimas tenía nacionalidad española y se registraron más de un centenar de víctimas menores tuteladas en ese mismo tramo temporal.
Desde que hay registros oficiales, el número de mujeres asesinadas supera el millar y la cifra de menores huérfanos/as por esta causa asciende a varios centenares. Aun así, persiste un subregistro importante en la petición de ayuda formal: una parte muy mayoritaria de las víctimas de violencia en la pareja, violencia sexual y violación no busca ayuda profesional ni denuncia, según macroencuestas oficiales.
Informes de evaluación europeos reconocen el liderazgo de España en marcos normativos y políticas, pero señalan carencias: prevención insuficiente, tipos de violencia menos atendidos (violencia sexual, acoso, mutilación genital femenina) y dificultades en la protección judicial efectiva. La mejora pasa por reforzar recursos, homogenizar protocolos, evaluar resultados y combatir la desinformación y el posmachismo que banaliza el problema.
Prevención, detección y respuesta multisectorial
La violencia de género es un problema estructural y sistémico, por lo que exige una respuesta multisectorial sostenida en educación, sanidad, servicios sociales, justicia, empleo y medios. En prevención, es clave trabajar desde la infancia y la adolescencia con educación afectivo-sexual, alfabetización mediática y modelos de relación igualitaria que cuestionen estereotipos.
Cuando el daño ya está presente, conviene articular pilares de atención integral que amplifican la protección y la recuperación:
- Detección y confidencialidad: identificar señales (lesiones repetidas, ansiedad, aislamiento) y ofrecer espacios seguros.
- Escucha empática: explorar necesidades físicas, psíquicas y sociales, sin juicios ni presiones.
- Acogida y reconocimiento: validar la vivencia, desculpabilizar a la víctima y poner el foco en la responsabilidad del agresor.
- Evaluación de riesgos: detectar peligro extremo para activar protección inmediata y medidas cautelares.
- Apoyo psicológico y afectivo: sostener el proceso, incluso cuando las decisiones sean complejas o no lineales.
- Servicios de apoyo coordinados: sanitarios, sociales, seguridad, jurídicos, vivienda y empleo; fomentar redes y grupos de apoyo entre iguales.
- Cuidado de profesionales: formación, supervisión y soporte para evitar desgaste y mejorar la calidad asistencial.
En contextos de emergencia y desplazamiento, ACNUR prioriza la mitigación de riesgos y la respuesta a la violencia de género, con dos objetivos que se refuerzan: reducir el riesgo de sufrirla y garantizar acceso oportuno a servicios de calidad para las personas supervivientes. Además, trabaja con hombres y con personas de la diversidad sexo-genérica que han sobrevivido a agresiones sexuales, fortaleciendo programas y coordinación y abogando por recursos adecuados.
La violencia de género tiene altos costes económicos y sociales para víctimas, familias, empresas y administraciones. Los costes directos (sanidad, justicia, refugios) e indirectos (absentismo, pérdida de productividad, secuelas de salud) impactan en toda la comunidad, por lo que invertir en prevención y atención integral es eficiente y justo.
Para ACNUR, son prioridades institucionales y vitales, en todos los ámbitos, la mitigación de riesgos y los programas para prevenir y responder a la violencia de género. ACNUR colabora con socios, gobiernos y comunidades para implementar programas de calidad que permitan prevenir, mitigar y dar respuesta a los casos, salvaguardando los derechos y el bienestar de personas refugiadas y desplazadas.
La violencia contra las mujeres puede suponer importantes costes para el Estado, las víctimas/supervivientes y las comunidades. Son costes directos e indirectos, tangibles e intangibles, soportados por víctimas, agresores, gobiernos y la sociedad en general.
La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género informa
Avanzar hacia una sociedad libre de violencia de género exige tolerancia cero con el maltrato, marcos legales eficaces, recursos suficientes, coordinación entre sistemas y una cultura de igualdad que se construye cada día en casa, en la escuela, en los medios y en las instituciones. Reconocer todas las formas de violencia, entender sus causas, derribar barreras para pedir ayuda y proteger de manera efectiva a las víctimas son pasos irrenunciables para que niñas y niños crezcan en entornos seguros y para que mujeres y hombres vivan relaciones basadas en el respeto y la libertad.
