Hace unos días te hablé sobre «Problemas de aprendizaje: la dislalia y la dislexia en los niños», donde profundicé sobre estos problemas de aprendizaje para que pudieras conocerlos un poco mejor y, además, saber algunas estrategias para poder ayudar a los niños en su desarrollo. Pero hay más problemas de aprendizaje comunes en edad escolar y por eso hoy quiero hablarte sobre otros diferentes, pero no menos importantes: la discalculia y la disgrafía.
Así, y a partir de ahora, podrás valorar si tu hijo presenta algunas de estas características y detectar las dificultades de aprendizaje, y de este modo, ofrecerle la ayuda y el soporte necesarios para que sea capaz de mejorar sus resultados. No pierdas detalle porque la discalculia y la disgrafía son menos conocidas que la dislexia y la dislalia, pero no son menos relevantes y, además, son bastante comunes en las aulas.

Qué son las dificultades específicas de aprendizaje
La dislexia, la disgrafía y la discalculia forman parte de un grupo de dificultades específicas de aprendizaje de base neurológica. Esto significa que el cerebro de los niños que las presentan procesa la información de una manera diferente, lo que repercute en áreas concretas como la lectura, la escritura o las matemáticas.
Cuando no se conocen estas dificultades es fácil etiquetar al niño como “perezoso”, “despistado” o “desordenado”, cuando en realidad se está esforzando mucho más que sus compañeros para alcanzar los mismos resultados. Las constantes llamadas de atención, las comparaciones y las burlas del entorno pueden generar una gran caída de la autoestima, problemas de conducta y rechazo hacia la escuela, como ocurre en casos de niños estresados y familias preocupadas.
Además, estas dificultades de aprendizaje no desaparecen por sí solas. Acompañan a la persona a lo largo de la vida, aunque con una intervención adecuada es posible minimizar su impacto, aprender estrategias de compensación y conseguir un buen rendimiento académico y profesional.
Comprender en profundidad qué son la discalculia y la disgrafía, cómo se manifiestan y qué se puede hacer desde casa y la escuela es esencial para detectar sus señales de alerta de forma temprana y ofrecer a los niños el apoyo que necesitan.
Qué es la discalculia
La discalculia es una dificultad de aprendizaje que causa serios problemas con las matemáticas. Esta dificultad no es tan conocida como la dislexia, pero puede ser incluso igual de frecuente. Aun así, hay maneras de ayudar a los niños con discalculia, ya sea mejorando sus habilidades matemáticas o fortaleciendo su autoestima. Para poder apoyarles adecuadamente, primero es necesario tener claro qué es exactamente.
La discalculia es una condición cerebral que afecta a la habilidad de entender y trabajar con números y con conceptos matemáticos. No se trata de falta de esfuerzo ni de interés; es una forma distinta de procesar la información numérica. Algunos niños con discalculia no pueden entender conceptos básicos, aunque se esfuercen mucho en aprender y memorizar datos numéricos.
En algunos casos, el niño comprende qué debe hacer en la clase de matemáticas, es decir, sabe qué operación o procedimiento aplicar, pero no entiende por qué lo hace. No logra captar la lógica del proceso matemático. En otros casos ocurre justo lo contrario: entiende la lógica de las matemáticas pero no está seguro de cómo ni cuándo aplicar ese conocimiento para resolver problemas concretos.
Es habitual que estos niños tengan dificultades para aprender a contar, memorizar las tablas de multiplicar, usar los signos matemáticos correctamente o comprender conceptos como “mayor que”, “menor que”, cantidades, medidas o el uso del dinero. También pueden presentar problemas para entender el tiempo, los horarios o los cambios de hora, lo que afecta a su autonomía en la vida diaria.

Normalmente estos niños no suelen tener problemas en otras asignaturas que no tengan nada que ver con las matemáticas. Pueden ser muy buenos en lectura, ciencias, dibujo, música o deporte, pero bloquearse completamente ante una operación sencilla. Esta diferencia tan marcada entre materias provoca con frecuencia ansiedad, frustración y baja autoestima.
La buena noticia es que padres y docentes tienen un papel clave: con una mirada comprensiva y estrategias adecuadas es posible reducir el impacto emocional y ofrecer herramientas para que el niño avance. La discalculia dura toda la vida, pero esto no significa que tu hijo no pueda ser feliz ni exitoso; significa que necesita otra forma de aprender matemáticas y otro tipo de apoyo.
Tipos de discalculia y manifestaciones frecuentes
Dentro de la discalculia se describen distintos perfiles según las áreas matemáticas más afectadas. Conocerlos ayuda a entender mejor qué le ocurre al niño y qué tipo de ayuda puede necesitar.
- Discalculia verbal: dificultades para nombrar números, cantidades y símbolos. El niño sabe qué número ve, pero le cuesta decirlo en voz alta o recordar su nombre.
- Discalculia léxica: problemas para leer correctamente los símbolos numéricos y matemáticos. Puede confundir 6 con 9, 3 con 8 o signos como +, −, ×, ÷.
- Discalculia gráfica: dificultad para escribir números y signos de forma ordenada y legible, lo que lleva a errores aunque el razonamiento sea correcto.
- Discalculia practognóstica: problemas para contar, comparar y manipular objetos con sentido numérico (por ejemplo, repartir galletas a partes iguales).
- Discalculia ideo-diagnóstica: dificultades para comprender conceptos y relaciones matemáticas como mayor/menor, antes/después, parte/todo.
- Discalculia operacional: gran dificultad para realizar operaciones matemáticas (sumas, restas, multiplicaciones, divisiones) aun con apoyo visual.
En la práctica, estos tipos suelen mezclarse. Por eso es tan importante contar con una evaluación profesional detallada que permita ver en qué puntos concretos el niño tiene más dificultad y, a partir de ahí, diseñar un plan de intervención adaptado.
Causas de la discalculia y diagnóstico
Las causas de la discalculia están relacionadas con diferencias en el funcionamiento cerebral en las áreas que procesan los números y el razonamiento espacial. No depende de la voluntad del niño ni de una mala enseñanza, aunque un entorno educativo poco ajustado puede ampliar las dificultades.
Para diagnosticar discalculia se realiza una evaluación psicopedagógica o neuropsicológica completa, que valora:
- Historia escolar y familiar del niño, informes de profesores y observación de su rendimiento en matemáticas.
- Pruebas estandarizadas de cálculo y razonamiento matemático adaptadas a su edad y curso.
- Evaluación de otras áreas cognitivas como memoria, lenguaje, atención o lectura, para descartar otras dificultades o ver si se combinan.
- Capacidad intelectual general, ya que la discalculia no se debe a una discapacidad intelectual global.
Con toda esta información el profesional determina si se cumplen los criterios de un trastorno específico del aprendizaje en matemáticas, establece el diagnóstico y propone recomendaciones educativas y de intervención.
Cómo ayudar a un niño con discalculia

Para ayudar a un niño con discalculia será muy importante que tanto los padres como los profesionales educativos aúnen sus fuerzas para conseguir buenos resultados. Una vez que un profesional ha diagnosticado la discalculia, es el momento de buscar las mejores soluciones para que el niño se sienta capaz de afrontar los retos matemáticos, aunque tenga mayor dificultad de entendimiento que otros niños con su mismo nivel madurativo.
Desde la escuela es probable que se deban hacer adaptaciones informales (o formales, si el sistema educativo así lo contempla) para garantizar el aprendizaje matemático teniendo en cuenta las necesidades del niño. Algunas medidas útiles son:
- Permitir más tiempo en exámenes y tareas de matemáticas.
- Usar material manipulativo (fichas, bloques, regletas, monedas) para representar cantidades.
- Ofrecer explicaciones paso a paso y por escrito, con ejemplos resueltos.
- Utilizar apoyos visuales como cuadros, esquemas, tablas de multiplicar visibles en el aula.
- Valorar el proceso de razonamiento del niño y no solo el resultado final.
Cada niño es un mundo y es necesario saber cómo debe ser atendido de forma específica para poder desarrollar al máximo su potencial.
Desde el hogar será fundamental confiar en las posibilidades del niño y no presionarle para que haga más de lo que es capaz en ese momento. Es importante que viva el aprendizaje de las matemáticas como un juego y no como un castigo. Algunas ideas para casa son:
- Introducir las matemáticas en situaciones cotidianas (repartir comida, contar pasos, medir ingredientes, usar el reloj).
- Utilizar juegos de mesa que incluyan contar casillas, sumar puntos o manejar dinero ficticio.
- Apoyarse en aplicaciones y recursos digitales adaptados, siempre que sean claros, estructurados y no sobrecarguen al niño.
- Reforzar cualquier pequeño avance con elogios centrados en el esfuerzo, no solo en el resultado.
También puede ser una buena idea contactar con un psicopedagogo, logopeda o neuropsicólogo especializado en dificultades de aprendizaje para acompañar el proceso de mejora con un plan de intervención sistemático.
Qué es la disgrafía
Si tu hijo tiene problemas para expresarse por escrito, es posible que desees saber más acerca de la disgrafía. Las dificultades en la escritura son comunes en los niños y, en ocasiones, pueden estar relacionadas con problemas de atención, con otras dificultades de aprendizaje o con un desarrollo madurativo aún inmaduro. Es necesario que los padres sepan por qué sus hijos pueden tener problemas en la escritura para poder buscar la ayuda necesaria.
La disgrafía puede durar toda la vida, pero existen estrategias y terapias que, desde una ayuda profesional adecuada, pueden ayudar al niño a mejorar su escritura. Esto puede marcar una gran diferencia en su rendimiento escolar y en su capacidad para expresarse por escrito con confianza.
Por tanto, la disgrafía es una condición que causa problemas en la expresión escrita relacionados con el desarrollo cerebral y la motricidad fina, por lo que nada tiene que ver con que el niño sea perezoso o descuidado. Para un niño con disgrafía puede resultar muy difícil escribir con lápiz y organizar las letras, mantener un tamaño uniforme, respetar los márgenes o la línea del renglón; por eso la escritura suele resultar para ellos algo incómodo y agotador.
La mayoría de médicos, psicólogos y especialistas en aprendizaje se referirán a esta dificultad como “alteración en la expresión escrita” o “trastorno de aprendizaje específico” en escritura. Es importante entender que una escritura lenta, poco cuidada o con errores de ortografía no siempre es señal de disgrafía; también puede ser fruto de un proceso de aprendizaje normal o de falta de práctica. La diferencia está en la persistencia, intensidad y repercusión de las dificultades a pesar de una enseñanza adecuada.
Escribir requiere un conjunto complejo de habilidades motoras finas y de procesamiento del lenguaje. Para los niños con disgrafía el proceso de escritura es más difícil y más lento; sin la ayuda necesaria pueden aparecer problemas en casi todas las áreas escolares, ya que muchas tareas se evalúan por escrito (exámenes, redacciones, ejercicios, trabajos en grupo, etc.).

Cómo se manifiesta la disgrafía
Los niños con disgrafía suelen presentar una escritura difícil de leer, desorganizada o muy irregular. Entre los signos que se observan con más frecuencia se encuentran:
- Letra poco legible, que cambia de tamaño constantemente o se sale de los renglones.
- Dificultad para sujetar el lápiz correctamente, con demasiada o muy poca presión sobre el papel.
- Posición del cuerpo y de la mano inadecuada o muy tensa al escribir.
- Falta de espacios entre palabras, mezcla de mayúsculas y minúsculas en la misma palabra.
- Ortografía muy pobre, incluso en palabras que el niño conoce oralmente.
- Escritura muy lenta, que hace que le cueste terminar los ejercicios o copiar de la pizarra a tiempo.
- Dificultades para organizar las ideas por escrito, aun cuando es capaz de expresarlas bien de forma oral.
Es importante diferenciar la disgrafía de los trastornos de la expresión escrita puramente lingüísticos. En la disgrafía pesa mucho la parte motora (el “cómo” se escribe), mientras que en los trastornos de expresión escrita el problema principal está en cómo se estructuran y formulan las ideas en el lenguaje. Sin embargo, en el día a día suelen coexistir y requerir intervenciones complementarias.
Cómo ayudar a un niño con disgrafía

Desde la escuela se deberá ayudar a los niños con disgrafía a mejorar su aprendizaje y desarrollo en la escritura con una atención específica y adaptaciones adecuadas. De este modo, el niño podrá recibir la ayuda necesaria para trabajar sus dificultades sin que esto suponga un castigo o una humillación frente a sus compañeros.
Para que la escuela pueda valorar y aplicar estas medidas, será necesario que la disgrafía esté evaluada y reconocida por un profesional (psicopedagogo, logopeda, neurólogo infantil, etc.). A partir de ahí pueden ponerse en marcha apoyos como:
- Dar más tiempo para las tareas escritas y exámenes.
- Permitir en ocasiones respuestas orales o mediante ordenador, en lugar de exigir escritura manual extensa.
- Dividir las tareas en pequeños pasos, cada uno bien explicado.
- Ofrecer organizadores gráficos (esquemas, mapas mentales, plantillas) para estructurar las ideas antes de escribir.
- Facilitar apuntes del profesor o de un compañero para reducir la carga de copiar de la pizarra.
- Autorizar el uso de tecnología de apoyo (procesador de texto, programas de voz a texto, correctores ortográficos).
Desde casa también se puede trabajar la disgrafía. Lo principal es contactar con un psicopedagogo o terapeuta ocupacional para que facilite estrategias y trabaje con el niño de forma periódica, realizando un seguimiento de su evolución. En el hogar, el trabajo debe tener un carácter lúdico y motivador para que el niño sienta que la escritura, además de necesaria, puede ser divertida.
Algunas propuestas para el día a día en casa son:
- Practicar la motricidad fina con actividades como recortar, plastilina, ensartar cuentas, juegos de construcción pequeños.
- Jugar a “escribir” con otros materiales: arena, espuma de afeitar, pintura de dedos, pizarras magnéticas, etc.
- Proponer pequeñas tareas de escritura con significado para el niño: listas de la compra, notas para un familiar, etiquetas para sus juguetes.
- Permitir el uso de lápices ergonómicos o empuñaduras especiales que faciliten el agarre.
- Valorar más la idea que transmite que la calidad estética de la letra, sobre todo al principio.
Relación entre dislexia, disgrafía y discalculia
Dislexia, disgrafía y discalculia son dificultades específicas de aprendizaje que comparten una misma “familia”, aunque afecten a habilidades diferentes. Es relativamente frecuente que un mismo niño presente más de una de estas dificultades al mismo tiempo, lo que se conoce como comorbilidad.
Por ejemplo, un niño con dislexia (dificultad en la lectura) puede tener también disgrafía, de modo que leer y escribir le resultan muy costosos. Del mismo modo, un niño con discalculia puede mostrar problemas en la lectura de los enunciados de problemas matemáticos, lo que complica todavía más la resolución de los ejercicios.
Estas dificultades pueden verse acompañadas, además, de problemas de atención, ansiedad o baja autoestima, y factores como problemas del sueño. Todo ello hace que el diagnóstico y la intervención requieran un enfoque multidisciplinar, en el que participen la familia, la escuela y los profesionales de la salud y la educación.
Estrategias de apoyo global para niños con dificultades de aprendizaje
Más allá de las adaptaciones concretas para discalculia o disgrafía, hay una serie de principios generales que ayudan a los niños con dificultades de aprendizaje a sentirse más seguros y a mejorar su rendimiento:
- Favorecer una mentalidad de crecimiento, recordando al niño que sus habilidades pueden mejorar con práctica, apoyo y tiempo.
- Evitar etiquetas negativas y comparaciones con hermanos o compañeros, centrándose en sus progresos personales.
- Mantener una comunicación fluida entre familia y escuela para unificar criterios y estrategias.
- Valorar y potenciar las fortalezas del niño (creatividad, memoria visual, habilidades sociales, talento artístico, etc.).
- Solicitar, cuando sea posible, una evaluación psicopedagógica completa para conocer bien sus necesidades y diseñar un plan de apoyo.
Comprender qué son la discalculia y la disgrafía, reconocer sus señales tempranas y saber que existen herramientas eficaces para acompañar a los niños marca una enorme diferencia en su bienestar emocional y académico; con una mirada respetuosa, expectativas realistas y una colaboración estrecha entre familia, escuela y profesionales, es posible que estos niños desarrollen sus capacidades, se sientan válidos y construyan una relación mucho más sana con el aprendizaje.
