Has llegado a la semana 35 de embarazo, lo que significa que ya han transcurrido aproximadamente 8 meses y medio de gestación. Te encuentras en la recta final del tercer trimestre y tu bebé está alcanzando un punto crítico de maduración. En este momento, el feto tiene una longitud aproximada de 45 a 46 centímetros y un peso que oscila entre los 2,3 y 2,5 kilogramos, siendo comparable en tamaño a un coco grande o una piña pequeña.
Una noticia alentadora es que, en caso de un parto prematuro en esta etapa, es muy probable que el bebé pueda respirar por sí mismo fuera del vientre materno. Esto se debe al grado de maduración pulmonar y a la producción suficiente de surfactante, una sustancia vital que evita que los alvéolos se colapsen. Aunque se considera una prematuridad leve con riesgos mucho menores que en semanas anteriores, lo ideal es que el bebé continúe su desarrollo hasta la semana 37 o 39.
El desarrollo cerebral es extraordinario durante estos días. El cerebro del bebé ya posee aproximadamente dos tercios del peso que tendrá al nacer. Debido a esto, y al espacio tan reducido que queda en el útero, el bebé echará largas siestas, aprovechando estos periodos de descanso para consolidar las conexiones neuronales. Simultáneamente, los sistemas circulatorio y musculoesquelético están completamente desarrollados, permitiendo que el bebé comience a encajarse con la cabeza hacia abajo en preparación para el parto.
En cuanto a la apariencia física, el lanugo (vello fino) comienza a desprenderse del cuerpo y el vérnix caseoso, la capa grasa que protege la piel del líquido amniótico, se vuelve más espesa. El vello desprendido pasará a formar parte del meconio, la primera evacuación del bebé. Además, el peso aumentará rápidamente entre 200 y 350 gramos por semana, acumulando grasa subcutánea esencial para regular la temperatura corporal tras el nacimiento.
¿Cómo voy a estar esta semana?

Es normal que te sientas muy cansada y con una sensación de impaciencia; las últimas semanas pueden parecer eternas. Las molestias físicas se intensifican: el dolor de espalda, la tirantez de la piel y la retención de líquidos en piernas y pies son comunes. La presión sobre la vejiga es constante debido al descenso del bebé, lo que te llevará al baño con mucha más frecuencia y puede provocar pequeñas fugas de orina al toser o reír.
Puedes experimentar otros síntomas molestos como acidez y reflujo, causados por la relajación de la válvula gástrica, o estreñimiento que podría derivar en hemorroides. El insomnio también es frecuente debido a la dificultad para encontrar una posición cómoda. Para aliviarlo, se recomienda dormir de lado con almohadas entre las rodillas.
Es probable que ya sientas las contracciones de Braxton Hicks. Estas son irregulares y no aumentan en intensidad. Sin embargo, si las contracciones se vuelven regulares, aumentan su frecuencia y fuerza, o si presentas sangrado vaginal o ruptura de fuente, debes acudir inmediatamente a urgencias. En embarazos múltiples (gemelos o trillizos), el riesgo de parto prematuro es mayor, por lo que debes estar alerta a calambres similares a la menstruación o aumento del flujo vaginal.
Sobre los movimientos fetales, podrías notar que son menos frecuentes pero más intensos. No es que el bebé esté menos activo, sino que ya no tiene espacio para girar, por lo que sus estiramientos se sienten con más fuerza.
¿Has preparado ya la maleta para el hospital? Es el momento ideal para organizarla. Recuerda que en las maternidades suele hacer calor, por lo que abrigar al bebé en exceso es peligroso. Prepara ropa cómoda para ti, similar a la que usabas en el quinto mes de embarazo, y calcula prendas para unos 3 días de estancia.
¿Qué pruebas me van a realizar?
Los controles varían según el sistema de salud, pero es fundamental llevar todas las revisiones al día. En esta etapa, el ginecólogo puede realizar un control del tercer trimestre que incluya:
- Ecografía: Para verificar la posición fetal, el estado de la placenta y el volumen de líquido amniótico.
- Analítica: Pruebas de sangre y orina, así como pruebas de coagulación para la anestesia.
- Control de tensión: Fundamental para descartar la aparición de preeclampsia (hipertensión gestacional).
- Cribado del Estreptococo Grupo B: Una muestra vagino-rectal indolora para detectar esta bacteria. Si es positiva, se administrarán antibióticos durante el parto para evitar infecciones neonatales.
- Cardiotocógrafo (CTG): Para registrar el latido cardíaco del bebé y la actividad uterina.
Algunos profesionales también sugieren un electrocardiograma para asegurar que el corazón materno esté en óptimas condiciones para un parto natural.
Recomendaciones y consejos finales
Para afrontar mejor estas semanas, mantén una alimentación equilibrada rica en hierro y calcio, realizando comidas pequeñas y frecuentes. Mantente hidratada y, si tu médico lo autoriza, camina entre 30 y 60 minutos diarios coordinando la respiración (aire por la nariz, salida por la boca). Esto no solo mejora la circulación y la tensión arterial, sino que es un excelente entrenamiento para el parto.
Es un momento ideal para regalarte tiempo para ti, conectar con tu pareja y buscar el pediatra adecuado para tu hijo. No olvides practicar los ejercicios de Kegel para fortalecer el suelo pélvico y mejorar el control de la vejiga. Si tienes dudas sobre el tipo de parto, consulta con tu especialista sobre las opciones de alivio del dolor o las circunstancias que podrían requerir una cesárea programada (como placenta previa o posición anómala del bebé).
Disfruta de este vínculo único con tu bebé. Es un proceso de adaptación constante y, aunque la ansiedad aumente, recuerda que tu cuerpo está diseñado para este momento. Mantén la calma, confía en tu equipo médico y prepárate para el encuentro más emocionante de tu vida.
