¿Cómo situar a los niños en el mundo pese a Internet?

Se acaba de celebrar el Día de Internet y he estado pensando sobre cómo desde el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, podrían haber cambiado las relaciones entre personas. Se trata de reflexiones que os parecerán acertadas o no, pero me gustaría compartir con todos vosotros.

Hace 14 años y medio mi teléfono móvil me facilitaba un poco la vida, pues quedaba con otras mamás que tenían bebés recién nacidos y salíamos al parque o tomábamos un café mientras hablábamos y nos contábamos nuestras lactancias, nuestra falta de sueño, etc. Las cosas han cambiado mucho y la red global parece más una red de pescar en la que nos vamos quedando atrapados poco a poco. Esta afirmación parece un poco catastrofista, y hasta parece extraño que la formule yo… o no.

He pasado por varias etapas respecto a mi propio uso de Internet, y el de mis hijos. Me he frustrado, he aprendido, he negociado, he restringido, he aceptado, me he formado, … y aunque, como enunció Sócrates “sólo sé que no sé nada”; aún sé lo suficiente para diseñar charlas y talleres que imparto en Escuelas de Madres y Padres. Y en este punto, hablando de saber, me veo obligada a matizar que la expansión y la facilidad de acceso a información que nos brinda Internet, sirve en todo caso para tener más conocimientos, pero no más sabiduría, pues esta se adquiere con la paciencia, una cualidad que escasea en esta época, en parte porque los ‘clics’ nos impulsan a una velocidad de vértigo.

¿Puede existir vida de niño con la tecnología?

Que hay edades y edades no se le escapa a nadie, que las recomendaciones se realizan por razones más o menos serias, tampoco. La cuestión es ¿no deberíamos facilitar que aprendan a relacionarse (con ellos mismos y con los demás) primero en el mundo offline y después ‘ya se verá’? La comunicación es una cosa bastante compleja, requiere de bastantes habilidades, que quedan drásticamente reducidas tras una pantalla. Si desde que son muy pequeños ya se divierten, hablan, sueñan… en línea, ¿se sabrán encontrar en la mirada del otro? ¿tendrán miedo de descubrir la ‘humanidad’ que hay en cada corazón perdidos cómo pueden estar en un océano de actividades virtuales?

Nunca me alegraré lo suficiente por haber vivido muchos años en un lugar pequeño, por haber dejado que subieran a los árboles, por que hayan tenido la posibilidad de perderse y encontrarse en la montaña, por haber regalado libertad y confianza… por el aire libre que les ha resbalado en las mejillas, por la tierra sobre las rodillas, por las risas limpias, por los amigos que se ayudaban a construir cabañas, por las ruedas de bicicletas pinchadas en lugares inaccesibles. Aún así saben coger el mando de la consola, encender el ordenador, tener un perfil en Instagram… eso no es tan difícil, recuperar los años perdidos es imposible.

No soy anti tecnología, pero…

Sin fuerza de voluntad, sin determinación, sin autolimitaciones, nos volvemos más impacientes, más egocéntricos, más hedonistas y más consumistas. Quiero información, tengo millones de páginas, quiero reconocimiento, tengo 50 likes, quiero comprar, tengo tiendas online, quiero proyectarme en un mundo falso virtual, lo consigo en un par de segundos. Es fácil, rápido, al alcance de todos… el problema es que ni hemos sabido, ni puede que sepamos equilibrar el uso de tecnología con otros aspectos de nuestra vida, ¿o si? ¿qué pensáis?

Y respecto a la pregunta del título “¿Cómo situar a nuestros hijos en el mundo pese a Internet?”, pues sí, la verdad es que casi la había olvidado a estas alturas. No soy mucho de dogmas, ni de decir al otro lo que hacer, pero me aventuro:

  • Permite que realicen muchas actividades offline.
  • Acompaña y sigue su desarrollo (no lleves siempre el smartphone encima).
  • Juega con los niños: juega con pantallas, juega sin pantallas (y cuando hagas esto último, no estéis pensando en tu perfil de Facebook).
  • No me creerás, pero no es necesario revisar mensajes de WhatsApp cada 20 segundos.
  • Sé consciente de las necesidades primarias y reales de tus hijos.
  • Comunícate tanto como puedas con tus vástagos, mantente disponible.
  • No tengas miedo de que salgan a la calle solos cuando ya tengan una edad.
  • Protégeles cuando sean bebés o muy pequeños… no les protejas de más grandes, a no ser que tengan problemas importantes para ellos.
  • Da ejemplo y desconecta conscientemente.

Para finalizar, me gustaría contar una anécdota que guardaré siempre en la memoria… y en el corazón (por razones que ahora no vienen al caso). Hará cosa de 13 meses, llevé al mayor a un evento de Wrestling a una ciudad cercana; era el tercero al que asistíamos, fue el último porque el crecer y madurar es lo que tiene, que van cambiando las aficiones. Mi hijo llevaba su antiguo móvil, sin bateria, yo llevaba mi móvil nuevo (de segunda mano y minúsculo) al que le faltaba intencionadamente la tarjeta SD. Ninguno de los 2 pudo hacer fotos, pero D (con la sabiduría que le caracteriza), me dijo: “qué bien lo estamos pasando, mamá… mira toda esa gente detrás del objetivo, y nosotros estamos viéndolo sin filtros”. Fin.


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Desarrollo

Hace 14 años y medio conocí a mi gran maestro, dos años después llegó al mundo una persona que hace honor a su nombre (Sofia); no se parecen a los hijos de mis sueños porque son mucho mejores... Con 13 años quería ser escritora, pero a los 21 me convertía en trabajadora social... Es esta una época de muchos cambios para mí, así que tras volver a la que es mi profesión, paré de escribir, pero me lo he pensado mejor porque me apasiona comunicar y comunicarme, así que me atrevo con todo. Recientemente me he transformado tanto como las crisálidas y aunque no soy creyente, se podría decir que en lo espiritual 'he renacido' para situarme de otra forma en el mundo. Estoy ansiosa por contaros cosas.... y que me contéis.

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