
Hasta ahora habíamos leído que el bebé en período de gestación, desarrolla su oído entre (aproximadamente) las semanas 14 y 16; y eso le permite escuchar sonidos internos como el latido del corazón y el flujo sanguíneo. También sabíamos que desde la semana 27, el oído ya está del todo formado, los bebés son capaces de percibir sonidos externos al cuerpo de la madre; según este estudio del que se hizo eco SINC, la corteza auditiva se reorganiza y madura el sistema nervioso, y ello sirvió de base para explorar la experiencia prenatal en función de la percepción de los sonidos y el modelado de bases neuronales.
Ahora bien, hasta ahora no tenía constancia de ningún estudio con las características y conclusiones de este que ahora os presento: el Instituto Marqués (Clínica de Reproducción Asistida, Ginecología y Obstetricia en Barcelona), ha publicado en la revista British Medical Ultrasound Society, una investigación pionera a nivel mundial sobre la audición fetal. Han descubierto la fórmula para que oigan como nosotros, de forma que el sonido les llega eficazmente en intensidad y con menos distorsiones.
¿Pero cómo es eso si el útero está insonorizado?
Pues por vía vaginal, sí, como lo oyes: se coloca un altavoz en la vagina, de forma que el feto es capaz de escuchar (casi) con la misma intensidad con la que se emite la música. Como la vagina es un órgano cerrado, no se dispersa el sonido, y además de esta forma el sonido no tiene que atravesar la pared abdominal, solo la vaginal y la uterina.

Esta investigación viene a confirmar que los bebés escuchan desde la semana 16 de gestación; tengamos en cuenta que hasta ahora se tenían muchas dudas sobre la funcionalidad del oído ya formado
Las participantes en el estudio han sido mujeres embarazadas entre las semanas 14 y 39 de gestación. Se ha observado por ecografía la reacción del feto al oír la música, emitida tanto por vía abdominal como vaginal; y se han comparado resultados emitiendo vibraciones (sin música) desde la vagina.
¿Qué hace el feto cuando escucha música?
En primer lugar, aclarar que la música escogida para llevar a cabo el estudio, fue la de Johann Sebastian Bach (la Partita in A. Minor for Flute Alone – BWV 1013)
Habitualmente, los fetos cuando están despiertos mueven espontáneamente cabeza y extremidades; también sacan la lengua. Pero la música induce una respuesta de movimientos de vocalización al activar circuitos cerebrales de estimulación del lenguaje y la comunicación, de lo que se deduce que el aprendizaje empieza en el útero materno. La respuesta del bebé a la música son movimientos específicos de boca y lengua, como se puede apreciar en el siguiente vídeo:
https://www.youtube.com/watch?t=58&v=e0Cpz1eUF5Y
¿Qué se oye en el útero?
En el entorno intrauterino se perciben principalmente sonidos graves y rítmicos: latido y flujo sanguíneo de la madre, movimientos intestinales, respiración y su voz filtrada por tejidos y líquido amniótico. Las frecuencias medias y bajas se transmiten mejor que las muy agudas, y el volumen se atenúa por la pared abdominal, la uterina y el líquido amniótico. Por eso, desde fuera, la música llega con menor claridad; cuando se usa un emisor vaginal, la señal atraviesa menos barreras y la inteligibilidad aumenta.
Este paisaje sonoro interno no es ruido de fondo sin importancia: entrena el sistema auditivo en desarrollo y prepara al cerebro para reconocer patrones de ritmo y entonación, claves del habla humana. A medida que avanza la gestación, el feto pasa de respuestas reflejas a reacciones cada vez más organizadas y específicas ante ciertos estímulos.
El estudio científico: exposición musical prenatal y huella cerebral
Además del trabajo del Instituto Marqués, otros grupos han analizado cómo la exposición diaria a música durante la gestación deja una huella medible en el recién nacido. Investigaciones con recién nacidos sanos, comparando bebés expuestos a música más de media hora al día frente a bebés con exposición ocasional, han registrado la llamada respuesta de seguimiento de frecuencia (FFR), un potencial evocado auditivo que informa sobre la codificación neuronal del sonido del habla.
Los resultados muestran que los recién nacidos expuestos de forma consistente presentan mayor amplitud en la codificación de la frecuencia fundamental (F0) de los estímulos del habla, independientemente del tipo de sílaba utilizada para provocarla. Esta codificación más robusta de componentes de baja frecuencia se relaciona con una mejor sintonización del sistema auditivo para el tono, una capacidad relevante para la posterior adquisición del lenguaje.
Como posibles limitaciones se mencionan la evaluación retrospectiva de la exposición musical (con riesgo de sesgo de recuerdo) y variables no controladas como estrés materno o componentes hereditarios de habilidades músico-lingüísticas. Aun así, la consistencia de los hallazgos sugiere que la plasticidad neuronal temprana es sensible al entorno acústico prenatal, ya sea mediante música reproducida con altavoces o canciones cantadas por la madre.
¿Qué innovaciones importantes aporta este estudio?
El trabajo del Instituto Marqués introduce una innovación clave: la vía vaginal como canal eficaz para transmitir sonido al feto con intensidad suficiente y baja distorsión, lo que permite observar respuestas específicas de vocalización (movimientos de boca y lengua) en un amplio rango de edades gestacionales. En paralelo, la investigación con FFR aporta un correlato neurofisiológico que explica por qué esas respuestas motoras podrían vincularse con redes auditivo-lingüísticas en maduración. Juntas, estas líneas de evidencia ayudan a entender que la música en el embarazo no es solo una anécdota: modula circuitos implicados en comunicación y atención al habla.
Otro aporte novedoso es la comparación entre diferentes tipos de música. Aunque no existe un “estilo único” superior de forma universal, se han observado tasas distintas de movimientos orofaciales ante piezas clásicas, populares, villancicos, voces solistas o patrones rítmicos marcados. Esto sugiere que ciertas características acústicas (ritmo estable, tempo moderado, melodías claras, espectro de energía en bandas de baja frecuencia) podrían facilitar la respuesta fetal más que el “género” en sí.
Aplicaciones del estudio
- Se demuestra que los fetos oyen desde la semana 16 de embarazo.
- Permite descartar la sordera fetal.
- La mamá puede constatar el bienestar fetal.
- Descubrimos circuitos cerebrales primitivos implicados en la comunicación. Al oír la música, el feto responde con movimientos de vocalización, paso previo a cantar y a hablar.
Más allá de estas observaciones, la evidencia actual apunta a usos complementarios: reforzar el vínculo afectivo (hablar, tararear y cantar al bebé), reducir ansiedad y cortisol maternos con música relajante y, potencialmente, emplear medidas como la FFR neonatal como biomarcadores tempranos en la detección de riesgos de lenguaje para facilitar intervenciones musicales dirigidas. Importante: no hay pruebas de que la música aumente la inteligencia del bebé; lo que sí se observa es un entorno más propicio para el procesamiento auditivo y el bienestar.
¿Cómo percibe la música el bebé y cómo reacciona al escucharla?
Aunque el feto está rodeado por líquido amniótico, útero y tejidos abdominales, puede percibir sonidos del exterior, con cierta distorsión. Varios experimentos han demostrado que con altavoces sobre el vientre o mediante emisión vaginal el sonido llega más nítido, y el feto reacciona con gestos como abrir la boca o sacar la lengua. Estas respuestas, observadas por ecografía, son compatibles con la activación de redes cerebrales implicadas en lenguaje.
También se han documentado cambios en frecuencia cardiaca fetal y patrones de actividad motora ante ciertos estímulos musicales, así como la capacidad del recién nacido para reconocer melodías repetidas durante la gestación (memoria prenatal), lo que ayuda a calmarles después del nacimiento y a establecer rutinas de sueño.
Recomendaciones prácticas y seguridad
- Prioriza tu bienestar: elige música que te relaje y te guste. El beneficio llega, en gran parte, por la respuesta emocional materna que el bebé comparte.
- Volumen moderado: evita niveles altos y exposiciones prolongadas; apunta a intensidades confortables (entorno doméstico), sin forzar.
- Duración y momento: sesiones de 20 a 30 minutos, especialmente en tarde-noche cuando es más fácil relajarse.
- Tipo de música: instrumental suave, tempos moderados (aprox. 60–80 pulsaciones por minuto), voces cálidas y melodías claras. Cantar o tararear es una opción excelente y segura.
- Dispositivos: altavoces externos a volumen cómodo o experiencias de canto materno. Evita soluciones invasivas o de uso interno sin supervisión médica.
- Ecografías: la exposición a ultrasonidos debe ser clínica y justificada, evitando su uso indiscriminado o con fines recreativos.
Beneficios para la madre y el bebé
La música puede reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo materno, facilitar el descanso y atenuar la percepción del dolor en etapas avanzadas del embarazo. Esos efectos, mediados por la liberación de endorfinas y la regulación del estrés, favorecen el bienestar fetal. En el bebé, la exposición repetida a melodías concretas puede generar reconocimiento postnatal, útil para calmar y favorecer rutinas.
En contextos clínicos, se ha observado que la estimulación musical prenatal puede asociarse con mejoras en parámetros cardiacos fetales y con menor ansiedad de la gestante durante monitorizaciones, sin que ello implique cambios directos en la inteligencia del bebé. El foco debe estar en el bienestar emocional y en un entorno sonoro estable y agradable.
Preguntas que siguen abiertas
La noticia me ha sorprendido y producido curiosidad a partes iguales, supongo que como a muchas otras personas. También me ha dejado con algunas preguntas que espero resolver algún día; por ejemplo, he entendido las potenciales aplicaciones de tal experimento, pero me gustaría saber si hay posibles riesgos, y si son justificables mediante los beneficios. También pienso en que puede que la Naturaleza haya previsto la insonorización del útero con sabiduría (como corresponde), ¿entonces no será perjudicial hacer escuchar a los bebés la música tan de cerca?, claro que depende del tipo de música.
Por otra parte, no olvidemos que el canal auditivo de los niños es pequeño, y eso causa una diferencia en la cantidad de decibelios que perciben, respecto a los adultos. Además son más vulnerables porque su cráneo es más delgado
Me permito así mismo recordar que la exposición prolongada a la energía de los ultrasonidos (en este caso, las ecografías que se hacen para comprobar la reacción de los bebés), está asociada a diferentes riesgos, si la técnica se utiliza de forma indiscriminada. La investigación sigue activa para perfilar con más detalle qué características acústicas favorecen respuestas orofaciales, cómo se relacionan con la FFR neonatal y de qué modo podríamos aprovechar esta sensibilidad para prevención y apoyo en el desarrollo del lenguaje, siempre bajo criterios de seguridad.
Las evidencias actuales señalan que el feto oye y reacciona a la música desde fases tempranas; la vía vaginal permite observar respuestas específicas con menor distorsión; la exposición musical diaria deja una huella medible en la codificación de la voz del habla; y, sobre todo, que el mayor beneficio llega cuando la madre disfruta, se relaja y conecta con su bebé mediante sonidos y canciones, cuidando volumen y tiempos.
