
Si hay algo que recuerdo con claridad de mi época en educación primaria y educación secundaria son los deberes escolares. Esos montones de ejercicios que me mandaban los maestros y que finalmente, en mÔs de una ocasión, terminaban por hacérmelos mis padres y mi hermano porque eran tan numerosos que no me daba tiempo a hacer nada mÔs. Recuerdo levantarme los fines de semana igual de temprano que para ir al colegio para hacer los deberes y estudiar para los controles.
Obviamente, mis padres fueron a protestar al centro educativo en el que estaba junto a otras familias, pero el personal directivo y el docente se hacĆan totalmente los sordos. Llegó el dĆa en el que desistieron, lo dejaron por algo imposible y soƱaban con que en un futuro las cosas cambiaran y avanzaran hacia delante en la educación.
Por desgracia, se equivocaron en sus sueƱos. Hoy por hoy, hay incluso mĆ”s deberes de los que tenĆamos los estudiantes de mi generación. Cada maƱana, veo a niƱos de educación primaria cargados con mochilas que Ā«pesan mĆ”s que ellosĀ».
Afortunadamente, en los últimos tiempos parece que empezamos a ver la luz al final del túnel. Muchas familias han venido protestando por la excesiva carga de deberes que llevan sus hijos a casa. Y eso que el curso no ha hecho nada mÔs que empezar como quien dice.
Por eso, CEAPA (Confederación EspaƱola de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado) ha convocado en distintas ocasiones movilizaciones y acciones para conseguir la racionalización o eliminación de las tareas escolares excesivas. De hecho, en noviembre CEAPA llegó a convocar una huelga para exigir la eliminación de las tareas escolares. Y es que con el dato estadĆstico de que casi la mitad de los padres de la escuela pĆŗblica consideran que los deberes afectan de forma negativa a su vida familiar, es para llevarse las manos a la cabeza.
A mi parecer, la mayorĆa de docentes que mandan deberes para casa (y ojo, no un ejercicio que se hace en quince minutos), no tienen ni idea de las consecuencias emocionales que estĆ”n teniendo para los niƱos y para los padres. Partimos de que a partir de educación primaria, los estudiantes pasan muchas horas en los centros educativos.

El dĆa a dĆa con deberes: carga horaria y bienestar infantil
Pasan muchas horas escuchando, intentando prestar atención y asimilando toda la información y explicaciones que dan los profesores en las aulas. Eso ya es un esfuerzo psicológico muy intenso. Lo mĆ”s lógico serĆa que en casa pudieran descansar, desconectar y hacer las cosas con las que de verdad disfrutan.
Pero no, muchos de ellos, al terminar de comer o tienen que ir de nuevo al centro educativo si no tienen la jornada continua o se ponen a hacer los deberes escolares que tengan que entregar al dĆa siguiente y a estudiar para los exĆ”menes. El tiempo que queda para el juego libre, el deporte o simplemente estar en familia se ve cada vez mĆ”s reducido.
De esta manera, los momentos de desconexión, de relajación y sobre todo de juego, son mĆnimos e incluso nulos. ĀæQuĆ© conlleva esto? EstrĆ©s, ansiedad, malestar, agobios, decepciones, desilusiones y mucha desmotivación. Y obviamente, eso tambiĆ©n influye negativamente a los padres al ver que sus hijos estĆ”n perdiendo una de las Ć©pocas mĆ”s importantes de su vida como es la infancia por hacer deberes escolares.
En muchos hogares, los deberes se convierten en un foco de conflicto familiar: discusiones sobre cuÔndo hacerlos, luchas de poder para que el niño se siente a la mesa de estudio, castigos cuando no se terminan⦠Todo ello deteriora la relación entre padres e hijos y asocia el aprendizaje con algo negativo.
AdemƔs, no todos los niƱos disponen del mismo apoyo en casa. Mientras algunos cuentan con un adulto que les ayuda, un espacio tranquilo y recursos materiales, otros viven en entornos con menos recursos, mƔs ruido o menos disponibilidad de tiempo adulto. Esta realidad hace que los deberes aumenten la desigualdad entre alumnos.
Impacto emocional y en la salud de los niƱos
Tengo amigos psicólogos y, haciendo las prĆ”cticas de pediatrĆa, que me dicen que cada vez son mĆ”s los niƱos que llegan a sus consultas con una clara depresión infantil causada por el estrĆ©s que les provoca el entorno escolar y la excesiva carga de deberes. Ā”Depresión infantil! Creo que mucha gente no se ha dado cuenta de lo que conlleva el concepto y se ha creĆdo que los expertos que advirtieron de la situación estaban exagerando.
Diversas investigaciones seƱalan que cuando la cantidad de tareas se vuelve excesiva, los niƱos experimentan sĆntomas fĆsicos como dolor de cabeza, molestias intestinales o insomnio, ademĆ”s de cambios de humor, irritabilidad o llanto frecuente. Y todo ello asociado directamente a la hora de hacer los deberes o a la anticipación de exĆ”menes.
Es decir, una cantidad extrema de deberes escolares no solo afecta al desarrollo social y personal de los niƱos sino que tambiĆ©n a su salud fĆsica. La falta de tiempo para moverse, jugar al aire libre o practicar deporte se relaciona, ademĆ”s, con el aumento del sedentarismo y con problemas como la obesidad infantil.
En algunos paĆses se manejan referencias orientativas como la conocida āregla de los 10 minutosā, que propone sumar aproximadamente diez minutos de deberes al dĆa por curso escolar. Aunque no es una norma universal, refleja una idea bĆ”sica: la carga de tareas debe ser racional y limitada, especialmente en primaria. Sin embargo, en muchos casos los niƱos superan con creces estos tiempos.
Afortunadamente, parece que poco a poco (aunque desde mi punto de vista deberĆa ir todo mĆ”s deprisa), muchos maestros y profesores estĆ”n a favor de la retirada o, al menos, de la revisión profunda de los deberes y de que un aprendizaje con menos tareas para casa es totalmente posible.

¿Para qué sirven los deberes? Objetivos teóricos frente a realidad
Los defensores de los deberes suelen seƱalar que su objetivo es crear hƔbitos de estudio, reforzar lo aprendido en clase, fomentar la responsabilidad y enseƱar a los niƱos a organizar su tiempo. Sobre el papel, estos objetivos suenan razonables, pero la realidad es mucho mƔs compleja.
Por un lado, es cierto que una cantidad moderada de tareas bien diseƱadas puede ayudar a consolidar aprendizajes, especialmente en etapas como secundaria. Algunos estudios seƱalan que, en adolescentes, el tiempo dedicado a tareas acadƩmicas puede relacionarse con un mejor rendimiento, siempre que no se convierta en una carga desproporcionada y que las actividades estƩn adaptadas a su nivel y edad.
Sin embargo, numerosos expertos ponen en duda que todas esas supuestas ventajas se den realmente. Se cuestiona, por ejemplo, que los hĆ”bitos de estudio no puedan desarrollarse durante las horas que los niƱos pasan en el aula, acompaƱados por un profesional que guĆa su proceso, y que tenga que recaer en las familias la responsabilidad de consolidarlos por obligación diaria.
TambiĆ©n se seƱala que, cuando los deberes se convierten en una imposición rĆgida, los niƱos aprenden mĆ”s bien la obediencia ciega que la responsabilidad real. Hacen las tareas por miedo al castigo, al suspenso o al enfado de los adultos, no porque comprendan el sentido de lo que estĆ”n haciendo o se sientan protagonistas de su propio aprendizaje.
En muchos casos, ademĆ”s, la organización del tiempo tampoco la realizan los niƱos. Son los padres quienes deciden cuĆ”ndo se hace cada tarea, corrigen los errores y sostienen todo el proceso, con lo que las supuestas habilidades de autonomĆa y gestión del tiempo quedan bastante diluidas.
Investigación: qué dicen los estudios sobre deberes y rendimiento
El impacto de los deberes en el rendimiento acadƩmico ha sido objeto de numerosos estudios e investigaciones. Los resultados no son homogƩneos y dependen de factores como la edad del alumnado, la calidad de las actividades, el tiempo dedicado, el contexto familiar y el sistema educativo.
MetaanÔlisis conocidos señalan que los deberes pueden tener beneficios moderados en secundaria y bachillerato cuando se enfocan en reforzar contenidos ya trabajados en clase, pero apenas muestran ventajas claras en educación primaria. AdemÔs, se apunta que el tiempo extra de estudio fuera del aula solo es útil hasta cierto punto: mÔs cantidad no implica automÔticamente mejor aprendizaje.
Otros trabajos ponen el foco en la calidad de las tareas. Las actividades mecÔnicas, repetitivas y centradas en memorizar sin comprender aportan poco valor, incluso cuando se realizan con frecuencia. En cambio, los deberes que fomentan la reflexión, la creatividad, la lectura comprensiva o la conexión con la vida cotidiana pueden resultar mÔs enriquecedores, siempre que se mantenga un volumen razonable.
TambiĆ©n se ha observado que el efecto de los deberes estĆ” mediado por el nivel socioeconómico y los recursos del hogar. Los estudiantes con mĆ”s apoyo familiar y mejores condiciones suelen sacar mayor partido a las tareas, mientras que los que viven en entornos con menos recursos pueden experimentar mĆ”s frustración y estrĆ©s, lo que amplĆa la brecha de rendimiento.
En algunos sistemas educativos de alto rendimiento se ha demostrado que es posible obtener buenos resultados con una carga reducida o nula de deberes, apostando en su lugar por metodologĆas activas dentro del aula. Esto refuerza la idea de que la clave no estĆ” tanto en el nĆŗmero de tareas para casa como en la calidad del tiempo de aprendizaje en la escuela.
Desigualdad, etapas educativas y papel de las familias
Pero para que esto ocurra de verdad, para que de verdad desaparezca algo tan obsoleto como son los deberes tal y como se entienden hoy, la gran parte de la sociedad tiene que estar de acuerdo y tiene que ampliar horizontes. El dato estadĆstico dado por CEAPA se trata de un 48,5% de los padres de los niƱos de la escuela pĆŗblica. ĀæY los demĆ”s? ĀæY el resto?
Se dan casos concretos de familias que se han llegado a enfadar con los maestros por no mandar deberes escolares para casa y por intentar hacer las cosas de manera distinta para que se dƩ un adecuado proceso de aprendizaje. Hay padres que han exigido a los profesores mƔs tareas para el fin de semana y mƔs disciplina. Como si ese tipo de disciplina fuera la clave del aprendizaje.
Los expertos recuerdan que no se puede hablar del mismo modo de los deberes en infantil, primaria, secundaria o bachillerato. La madurez del alumno, su capacidad de concentración y la naturaleza de los contenidos cambian con la edad. Por eso, plantear una oposición generalizada a cualquier tipo de tarea, sin matices, puede ser tan exagerado como defenderlas siempre sin cuestionarlas.
También conviene analizar qué ocurre en casa. Cuando la cantidad de tarea es moderada, se vuelve factible y no interfiere de forma grave con el tiempo de ocio, algunas familias pueden aprovecharla para acompañar y entender mejor lo que trabajan sus hijos en el colegio. Pero cuando la carga es excesiva o poco adaptada, lo que se genera es rechazo, discusiones y sensación de incapacidad, especialmente en niños con dificultades de aprendizaje o sin apoyos adecuados.
En situaciones en las que los deberes se viven como una fuente constante de malestar, rechazo intenso, somatizaciones o conflictos recurrentes, es importante consultar con el centro educativo y, si es necesario, con un profesional de la salud o de la psicologĆa infantil para descartar dificultades especĆficas y buscar alternativas.

Errores frecuentes con los deberes y cómo podrĆan mejorarse
Hay muchĆsimas formas de aprender en las aulas. La gamificación es una de las herramientas que no se usa tanto como deberĆa y es increĆblemente valiosa. Pero desgraciadamente, todavĆa hay docentes que no se esfuerzan por ser autĆ©nticos, por motivar a los estudiantes, por ilusionarlos, por emocionarlos y por formarles en una educación en valores y alejada de la sumisión y opresión de los deberes.
Maestros que se han acomodado, se han relajado y se niegan a avanzar y a cambiar en su trabajo. Y esos āprofesionalesā tambiĆ©n son los que impiden brillar a los docentes que de verdad quieren hacer bien las cosas y transformar el sistema educativo. Sin embargo, tambiĆ©n hay muchos profesores que estĆ”n replanteando la manera de mandar tareas y apuestan por otro tipo de deberes mucho mĆ”s significativos.
Entre los principales errores de los deberes tradicionales se encuentran la repetición mecÔnica (especialmente en Ôreas como matemÔticas), la falta de conexión con la vida real, el escaso margen de elección para el alumnado y la tendencia a evaluar las tareas con notas, castigando el error en lugar de entenderlo como parte natural del aprendizaje.
Frente a ello, diversos autores proponen reducir drÔsticamente la cantidad de tareas, eliminar la calificación numérica de los deberes y apostar por actividades que hagan pensar al alumnado, que relacionen lo aprendido con su entorno inmediato, que incorporen lectura significativa, pequeños experimentos en casa o proyectos que puedan compartirse en familia sin convertirse en una carga.
TambiƩn se sugiere dar a los niƱos la posibilidad de elegir entre diferentes propuestas (con distintos niveles de dificultad o temƔticas) e involucrarlos en la toma de decisiones sobre su propio aprendizaje, en lugar de limitarse a recibir listas cerradas de ejercicios.
Alternativas educativas: aprender mƔs allƔ de las tareas tradicionales
Ante el creciente cuestionamiento de la eficacia de los deberes tradicionales, muchas escuelas y educadores estÔn explorando enfoques alternativos para mejorar el aprendizaje de los estudiantes. Estas propuestas buscan reducir el tiempo de estudio obligatorio fuera de la escuela y fomentar una educación mÔs dinÔmica y personalizada, alineada con las necesidades actuales.
Una de las metodologĆas mĆ”s interesantes es el aprendizaje basado en proyectos, donde los alumnos trabajan durante un periodo prolongado en un tema que integra varias materias y que conecta con problemas reales. En lugar de fichas aisladas, los niƱos investigan, experimentan, debaten y presentan resultados, desarrollando habilidades como la cooperación, la comunicación y el pensamiento crĆtico.
Otra vĆa son las tareas centradas en los intereses de los estudiantes. En lugar de una Ćŗnica actividad igual para todos, se ofrecen opciones de proyectos o pequeƱas investigaciones relacionadas con los contenidos del aula, pero conectadas con aquello que les despierta curiosidad. Este enfoque potencia la motivación intrĆnseca y la creatividad.
También cobran fuerza los espacios de trabajo autónomo dentro del horario lectivo. En ellos, los alumnos disponen de tiempo en el aula para practicar lo aprendido, consultar dudas al docente y avanzar en actividades personales, lo que reduce la necesidad de mandar grandes volúmenes de trabajo para casa y garantiza condiciones de estudio mÔs equitativas.
El aprendizaje colaborativo y la gamificación completan este mosaico de alternativas. Resolver retos en grupo, participar en juegos educativos con niveles y recompensas simbólicas, o utilizar tecnologĆas digitales de forma creativa permiten repasar contenidos sin caer en la monotonĆa y mantienen un nivel alto de implicación sin necesidad de estirar el tiempo de estudio mĆ”s allĆ” de lo razonable.
QuƩ pueden hacer las familias ante la carga de deberes
Mientras el debate social y pedagógico continĆŗa, las familias tienen que afrontar cada tarde una realidad muy concreta: los deberes que traen sus hijos. MĆ”s allĆ” de la opinión personal sobre si deberĆan existir o no, es importante que en casa se adopten estrategias que protejan el bienestar del niƱo y reduzcan el conflicto.
Ayuda crear un espacio tranquilo, bien iluminado y con el material necesario preparado antes de empezar, asà como establecer una franja horaria razonable que respete el tiempo de juego, deporte y descanso. Es recomendable acompañar sin hacer las tareas por ellos, ofreciendo apoyo emocional y ayudÔndoles a organizar el orden de las actividades.
Elogiar el esfuerzo y la constancia mÔs que el resultado final contribuye a que los niños desarrollen una actitud mÔs saludable hacia el aprendizaje. Forzar, gritar o ridiculizar sus dificultades solo empeora la situación y asocia los estudios con una experiencia dolorosa.
Si la cantidad de deberes es desproporcionada, si el niƱo empieza a mostrar rechazo intenso, sĆntomas fĆsicos o si la dinĆ”mica familiar se vuelve insostenible, lo mĆ”s adecuado es hablar con el centro, pedir tutorĆa con el profesor y exponer la situación con calma. En muchos casos se pueden buscar acuerdos, adaptar tareas o, al menos, hacer visible una realidad que quizĆ” el docente desconoce.
TambiĆ©n es esencial no olvidar la importancia del ejercicio fĆsico, el juego libre y la vida social durante la infancia. Los niƱos necesitan disfrutar de la naturaleza, de sus familiares y amigos, del movimiento y de actividades en función de su talento e interĆ©s personal; nada de eso deberĆa quedar anulado por un cuaderno lleno de tareas.
¿De verdad habrÔ esperanza al final del túnel? ¿Qué creéis vosotros?
Maestros, familias, expertos y, sobre todo, los propios niƱos estĆ”n seƱalando que el modelo de deberes masivos y poco significativos estĆ” agotado. Escuchar estas voces, revisar con espĆritu crĆtico lo que siempre se ha hecho āporque sĆā y avanzar hacia formas de aprendizaje mĆ”s humanas, motivadoras y respetuosas con la infancia es una responsabilidad compartida si queremos un sistema educativo que forme personas sanas, curiosas y con ganas de aprender a lo largo de toda su vida.


