Son muchas las madres que cuando llega su bebé al mundo deciden amamantarles y se decantan por la lactancia materna. Aunque no todas las madres quieren o pueden realizar la lactancia materna, la decisión de amamantar o no a un hijo debe ser una decisión personal de la mujer. Hay muchas madres que apuestan por la lactancia materna pero que no producen suficiente leche y deben alimentar a sus pequeños con leche de fórmula para así asegurarse de que está bien alimentado.
Pero si quieres amamantar a tu bebé y tienes suficiente leche, debes saber que hay algunos factores que pueden hacer que produzcas menos cantidad de leche de la que debieras. Durante los primeros días después del parto las mujeres producen el calostro que es la leche inicial y que es rica en nutrientes y anticuerpos para proteger al bebé. La producción de leche pude ser mínima durante esos días pero debe aumentar de manera constante con el tiempo, a medida que el bebé succiona y se vacían los pechos con frecuencia.
Si la baja producción de leche está afectando a tu capacidad de amamantar, puede ser que necesites algunos ajustes para obtener más leche hasta la demanda del bebé, y que de este modo puedas satisfacerle. Si por el contrario, aunque hayas hecho todo lo posible por tener leche y no es suficiente para tu bebé, entonces tendrás que alimentarle con leche de fórmula. No te sientas culpable, no todas las mujeres tienen suficiente leche para sus hijos, y no hay que sentirse mal por ello. Lo importante es que el bebé esté alimentado y que la madre se sienta acompañada y respetada. Pero, ¿qué factores pueden estar afectando a tu producción de leche?

Poco rato en el pecho y baja frecuencia de tomas
Para que puedas tener una buena estimulación de leche deberás tener a tu bebé en el pecho mamando todo el tiempo que él quiera. De esta manera podrás estimular de forma natural la producción de leche. Cuando un bebé mama el cuerpo de la mujer se regula y sabe cuánta es la cantidad de leche que necesita el bebé para estar sano y fuerte. Pero para que esto se produzca y la subida de leche sea la correcta, será necesario poner al bebé bastante rato en el pecho, si lo pones demasiado poco no podrás estimular la producción de leche de forma adecuada.
El principal estímulo para producir leche es la succión del bebé y el vaciado del pecho. Los comités de lactancia pediátrica insisten en que cuantas más veces mame el niño, más leche se producirá. La leche no se “gasta”: el pecho funciona por oferta y demanda, de modo que si el bebé extrae leche con frecuencia, el organismo entiende que debe fabricar más.
Cuando las tomas son muy espaciadas (por horarios rígidos, porque se sustituye el pecho por chupete o porque el bebé duerme muchas horas sin mamar), las mamas reciben la señal de que no hace falta tanta leche y la producción puede disminuir de forma progresiva. Esto puede ocurrir incluso aunque en alguna toma puntual parezca salir mucha leche si se ha pasado mucho tiempo desde la toma anterior.
También puede pasar al contrario: algunas madres interrumpen la toma pronto porque creen que el pecho “ya está vacío”, pero el bebé podría seguir extrayendo leche, especialmente la leche del final, que es más rica en grasa y más saciante. Acortar las tomas de manera sistemática puede hacer que el bebé reciba menos leche total y que el pecho no se vacíe del todo, afectando a la producción a medio plazo.

El horario de alimentación y la lactancia a demanda
Si tienes una producción de leche baja, la lactancia materna más a menudo será lo que necesitas. Siguiendo el punto anterior, debes recordar que la estimulación de los pechos puede aumentar la producción de una madre. Entonces, en lugar de ponerle chupetes a tu bebé o de darle un biberón de leche de fórmula para calmarle porque tiene hambre, es mejor que te lo pongas al pecho más a menudo para que la producción no decaiga, aunque eso signifique tener al bebé en tu pecho prácticamente las 24 horas. La persistencia es un factor clave que afecta a la producción de leche. Puedes tardar incluso un par de semanas después del nacimiento del bebé antes de que el suministro de leche pueda satisfacer por completo las necesidades de tu recién nacido.
La recomendación de los especialistas en lactancia es ofrecer lactancia a demanda: es decir, ofrecer el pecho siempre que el bebé lo pida, sin mirar el reloj y sin limitar la duración de las tomas. Esto significa no imponer un número fijo de tomas al día, no espaciar artificialmente las tomas “para que descanse el pecho” y no retirar al bebé del pecho si sigue succionando eficazmente.
En situaciones en las que el bebé no puede mamar eficazmente (por ejemplo, prematuridad, ingreso hospitalario o dificultades de agarre), es importante imitar esa lactancia a demanda con un sacaleches. Extraerse leche 8-12 veces al día, incluyendo al menos una vez de madrugada, ayuda a mantener y aumentar la producción. Si las extracciones son escasas o muy cortas, el pecho recibe la señal de producir menos.
También conviene revisar el uso de chupetes y tetinas durante las primeras semanas. El empleo temprano de chupete o biberón puede reducir el tiempo que el bebé pasa al pecho, favorecer un menor vaciado de la mama e, incluso, provocar lo que se conoce como “confusión de pezón”. Un uso intenso de chupete en un bebé que aún está aprendiendo a mamar puede disminuir la estimulación del pecho y, con ello, la producción de leche.

Tu dieta también puede influir en la producción de leche
Después de dar a luz, las madres a menudo se sienten ansiosas de ir al gimnasio y empezar a hacer dieta para volver al cuerpo que tenían antes de quedar embarazadas. La lactancia materna exclusiva puede quemar hasta 500 calorías al día. Pero si haces dieta y cortas la ingesta diaria de calorías por hacer una dieta muy estricta, podrías afectar a tu producción de leche. Es mejor que comas de forma saludable todo lo que necesitas para estar bien. Una caída brusca de calorías en lugar de una disminución gradual también podría afectar a tu producción de leche. Es necesario que si quieres perder peso acudas a tu médico para que te oriente de cómo es mejor hacerlo teniendo en cuenta que estás amamantando a tu bebé. Debe ser algo saludable tanto para ti como para tu bebé.
La evidencia muestra que la cantidad de leche suele mantenerse incluso en madres con dietas modestas, pero cuando la ingesta energética es muy baja (por debajo de aproximadamente 1500 kcal diarias) sí puede verse reducida la producción. Además, aunque la cantidad no cambie de forma drástica, una alimentación muy pobre puede afectar a tu nivel de energía, tu estado de ánimo y tu capacidad para sostener una lactancia a demanda.
Más que “comer por dos”, se aconseja una alimentación variada y equilibrada, con suficiente agua según la sed. Beber en exceso no aumenta la producción de leche, y restringir de forma consciente la ingesta de líquidos no reduce la leche, sino la diuresis. La clave está en escuchar tu cuerpo: tener una botella de agua a mano y beber cada vez que tengas sed suele ser suficiente.
También es importante considerar algunas sustancias que sí pueden influir de forma directa o indirecta en la lactancia. El consumo de alcohol, tabaco y drogas recreativas está desaconsejado, tanto por su paso a la leche como por los efectos en la madre y el entorno de crianza. El consumo muy elevado de cafeína puede hacer que el bebé esté más irritable, y también puede aumentar tu nivel de ansiedad, lo que repercute en la lactancia.

La técnica de amamantar y el agarre del bebé
A medida que el bebé mama, puede hacerlo a un ritmo más lento debido a que ya está saciando o porque se está quedando dormido. En lugar de dejar al bebé una cantidad de tiempo en concreto, es mejor que le dejes que se alimente todo lo que desee. Puedes cambiar de pecho durante la lactancia materna para mantener a tu recién nacido despierto y con ganas de comer. La alimentación de un solo pecho de forma sistemática puede hacer que el otro detenga la producción de leche, por lo que es necesario que cuando alimentes a tu bebé te lo cambies de pecho de vez en cuando.
Además del tiempo al pecho, la técnica de agarre es crucial. Un bebé con un agarre superficial (que coge solo el pezón y poca areola) puede extraer menos leche en cada succión, cansarse antes y provocar dolor en los pezones. Esto hace que el pecho no se vacíe bien y que, con el tiempo, la producción disminuya. Un buen agarre suele verse cuando el bebé abre mucho la boca, tiene más areola visible por encima que por debajo del labio, el mentón toca la mama y las mejillas están redondeadas, sin hoyuelos al succionar.
Existen también factores del propio bebé que influyen en la transferencia de leche: prematuridad, bajo tono muscular, alteraciones orales (como anquiloglosia o frenillo lingual corto), dolor por parto instrumental o por fractura de clavícula, entre otros. Un bebé que no succiona de forma eficaz estimulará menos la producción, aunque pase mucho tiempo al pecho. Por eso es tan importante que un profesional experto valore una toma completa si hay dudas sobre el agarre.
Si utilizas sacaleches, la técnica también cuenta: embudos de tamaño inadecuado, válvulas estropeadas o ciclos de succión mal ajustados pueden hacer que extraigas menos leche de la que realmente podrías producir. Una revisión del equipo y de la técnica con una asesora de lactancia puede marcar la diferencia en tu producción diaria.

Problemas de salud materna y otros factores físicos
Además del ritmo de tomas, la dieta o la técnica, hay situaciones médicas maternas que pueden causar una producción de leche baja (hipogalactia). Algunos problemas hormonales como el hipotiroidismo, el síndrome de ovario poliquístico, ciertas alteraciones de la hipófisis o un sangrado intenso tras el parto pueden interferir en la subida y el mantenimiento de la leche.
Las cirugías previas de mama (aumento, reducción, biopsias extensas, mastectomías parciales…) también pueden influir si se han dañado conductos o nervios importantes. No siempre implican una producción insuficiente, pero sí pueden hacer que la leche tarde más en subir o que algún pecho produzca menos. Un pecho puede producir menos leche que el otro y, aun así, la suma de ambos ser suficiente; si uno de ellos es claramente menos productivo, empezar la toma por ese lado y estimularlo más con el sacaleches suele ayudar.
Algunos medicamentos y preparados de fitoterapia también pueden afectar a la lactancia. Aunque la mayoría de los fármacos habituales son compatibles con la lactancia, hay excepciones y es esencial consultar con profesionales antes de iniciar o suspender medicación. Los anticonceptivos hormonales, en especial los que contienen estrógenos, pueden disminuir la producción de leche en algunas mujeres, sobre todo si se inician muy pronto tras el parto.
Por otra parte, el tabaquismo materno, el consumo de alcohol o drogas y determinados suplementos de hierbas pueden reducir la producción o afectar al bebé. Antes de tomar cualquier infusión “galactogoga” o producto de herbolario, es más seguro valorar primero la técnica de lactancia, el número de tomas y tu estado de salud con tu equipo médico o con una asesora de lactancia.

Problemas emocionales, estrés y descanso insuficiente
Algunas madres después de dar a luz pueden sufrir la depresión posparto algo que puede afectarle muy negativamente a sus emociones y estado de ánimo en general. Esto repercutirá directamente en la producción de leche. Cuando una mujer sufre depresión posparto es necesario que busque ayuda de un profesional para que pueda superarlo lo antes posible y que no sienta que las emociones negativas pueden con ella.
También es posible que las diferentes circunstancias de la vida de una mujer y madre te hagan pasar por momentos de estrés o de nervios, algo que sin duda puede hacer que no te sientas bien y que tu cuerpo se resienta y que la producción de leche se repercuta. Por eso, es importante que tanto por tu bienestar emocional, como por el cuidado de tu hijo y la producción de tu leche, cuides tu estado de ánimo y busques ayuda siempre que sea necesario.
El estrés intenso y mantenido, la falta de sueño, la preocupación constante por si “tengo suficiente leche” o la presión social pueden interferir en los reflejos de eyección de la leche. El cuerpo segrega más adrenalina en situaciones de estrés, y esta hormona puede dificultar momentáneamente la salida de la leche, aunque la cantidad producida sea adecuada. Esta sensación de pecho “bloqueado” aumenta la ansiedad y se entra en un círculo difícil de romper si no hay apoyo.
Cuidarte también forma parte de la lactancia. Intentar descansar cuando el bebé duerme, delegar tareas de casa, compartir cuidados con la pareja u otros familiares y reservar pequeños momentos para ti misma ayuda a sostener la lactancia en el tiempo. Una buena red de apoyo, tanto emocional como práctica, se asocia con una mayor duración de la lactancia y con una experiencia más satisfactoria para la madre.

Rechazo del pecho y “huelga de lactancia”
En algunos momentos, un bebé que mamaba bien puede empezar a rechazar el pecho de forma brusca. Esto puede asustar mucho y hacerte pensar que tu leche ha cambiado o que ya no es suficiente, pero muchas veces responde a causas concretas y manejables.
– Rechaza siempre el mismo pecho: Es importante descartar problemas en el agarre o la postura, una mastitis o ingurgitación en ese lado, o molestias en el niño (fractura de clavícula, dolor de oídos, reacción postvacunal, tortícolis…). A veces el flujo de la leche es más fuerte en un pecho y el bebé lo rechaza por incomodidad. Ajustar la postura, ofrecer primero el pecho que rechaza cuando está más somnoliento y masajear la mama pueden ayudar.
– Rechaza ambos pechos (huelga de lactancia): En este caso, conviene descartar el llamado “síndrome de confusión de pezón” derivado del uso de chupetes y biberones, así como aversión oral por experiencias desagradables (aspiración, sondaje), cambios bruscos en las rutinas, olores nuevos en la madre (perfumes muy intensos) o cambios en el sabor de la leche por algún alimento o medicamento. Hay que tratar de identificar la causa para darle solución, aumentar el contacto piel con piel, ofrecer el pecho en un sitio tranquilo, con el bebé adormecido, no muy hambriento, en posición de crianza biológica, y evitar presionarle.
Durante una huelga de lactancia es fundamental mantener la producción de leche mediante extracción frecuente y buscar apoyo profesional para reconducir la situación sin precipitar un destete no deseado.
Busca ayuda de un profesional y revisa el sacaleches
Quizá también necesites aprender más sobre la lactancia materna pero tendrás que dejar de escuchar las opiniones de todo el mundo. Es mejor que acudas a un especialista en la lactancia o a tu médico, es necesario que sea un profesional quien te asesore sobre cómo debes hacerlo para que sea correcto. Además, te puede enseñar técnicas de lactancia y ofrecer consejos sobre el aumento de la producción de leche. Si utilizas técnicas de lactancia inadecuadas es posible que tu bebé deje de mamar o que no reciba la cantidad de leche suficiente durante las comidas. Esto además, también puede afectar a la producción de leche a largo plazo.
Si extraes leche con sacaleches, una “revisión técnica” del equipo es esencial cuando notas que el volumen ha bajado. Las copas deben ajustarse bien al tamaño de tu pezón, las válvulas deben estar en buen estado y el ritmo de succión debe ser cómodo pero eficaz. Un sacaleches poco eficiente puede hacerte pensar que produces poca leche cuando en realidad el problema está en el aparato o en su configuración.
Muchos fabricantes ofrecen guías y líneas de ayuda para resolver dudas sobre la configuración de la bomba, pero la figura clave sigue siendo la asesora de lactancia, que puede ayudarte a combinar pecho y extracción de la forma más adecuada para tus necesidades (por ejemplo, si tu bebé está ingresado, si debes volver al trabajo o si quieres aumentar la producción).
En paralelo, el pediatra revisará el crecimiento del bebé, su curva de peso y su estado general. Un bebé que gana peso adecuadamente y está activo, mojando pañales con frecuencia, es un indicador muy tranquilizador de que la leche es suficiente, incluso aunque tú sientas que tus pechos están más blandos o que ya no gotean como al principio.

Comprender cómo funciona la producción de leche y qué factores la afectan te permite tomar decisiones informadas, pedir ayuda a tiempo y ajustar tomas frecuentes, lo que está en tu mano (tomas frecuentes, buen agarre, descanso, alimentación y apoyo emocional). Aun así, incluso poniendo todo de tu parte, en algunos casos la producción de leche puede ser menor de lo deseado, y la combinación con leche de fórmula puede ser necesaria; cuidar tu bienestar, respetar tus límites y rodearte de profesionales que te acompañen sin juzgarte es tan importante como cualquier técnica de lactancia.