Miércoles Negro: feminicidio, protesta global y educación contra la violencia de género

  • Miércoles Negro surge como respuesta al brutal feminicidio de Lucía Pérez y se transforma en una jornada de paros y movilizaciones masivas contra la violencia machista.
  • La protesta se expande a nivel internacional, enlazando con movimientos como Ni Una Menos y otras marchas feministas que reclaman justicia, recursos y políticas públicas eficaces.
  • Las instituciones se ven interpeladas a revisar leyes, presupuestos y prácticas judiciales, mientras asociaciones feministas exigen prevención, atención integral y fin de la impunidad.
  • Madres, padres y escuelas tienen un papel clave en educar en igualdad, consentimiento y respeto, para que las nuevas generaciones no reproduzcan la cultura machista que sostiene la violencia de género.

Miércoles Negro violencia de género

Danilo A. Canales, es un papá chileno que desde su perfil en Facebook explica: “Ser papá de una niña me volvió feminista”“y ahí caí en la cuenta que las mujeres están en desventaja, desde siempre se les inculca tener miedo”… “hace poco leí unas historias y herví en rabia y vergüenza, por mi género, y por como la conducta normalizada del piropo-acoso vuelve a generar miedo en las niñas más grandes, casi vomité de rabia al pensar que alguna vez a mi pequeña le vaya a pasar”… “Mientras a ti te violenta que te griten de vuelta porque lanzaste un piropo acosando sin consentir, en otros lados una niña es violada por cientos de reos en una cárcel, otra muere empalada en Argentina, y aquí un padrastro se dio el lujo de descuartizar y enterrar una niña de 9 años”…

He encontrado estas declaraciones buscando información para redactar este post sobre el #MiércolesNegro, y sobre el feminicidio; para el día de hoy se ha convocado en Argentina una jornada de protesta contra la violencia de género. Las mujeres han parado una hora, un mensaje que circulaba por twitter rezaba así: “Si mi vida no importa, produzcan sin mi”; nada menos que 17 mujeres y niñas asesinadas a manos de hombres durante este mes en aquel país al otro lado del Atlántico. Y no hace mucho las mujeres ya habían marchado sobre las calles argentinas, pero el macabro asesinato de Lucía ha acabado con nuestra paciencia.

#Niunamenos #nosqueremosvivas #MiércolesNegro, son algunos de los hashtags que relacionados con este tema más hemos leído. No está ocurriendo solo en Argentina pues hablamos de unas cifras globales estremecedoras: alrededor de 65.000 mujeres asesinadas por feminicidio cada año. Suscribo las palabras de la mamá de Lola Chomnalez, una adolescente de 15 años uruguaya que fue asesinada a finales del año pasado, quien pide políticas públicas que prevengan la violencia de género y reclama una sociedad que deje de ser espectadora de esta problemática.

Miércoles Negro protesta contra violencia de género

Lucía Pérez es asesinada y se convoca el #MiércolesNegro

Miércoles Negro movimiento Ni Una Menos

Lucía tenía 16 años y el día 8 de octubre sufrió una agresión sexual muy difícil de describir: acudió a un domicilio privado en el que al menos 3 hombres la drogaron u obligaron a tomar drogas, la violaron y la ‘empalaron’ introduciendo el que ‘pudo haber sido un palo’ por la vagina. Esta agresión inhumana provocó una reacción exagerada del reflejo vagal que causo un paro cardiorrespiratorio: el dolor por el empalamiento desencadenó tal reflejo. La fiscal del caso declara que jamás había visto “una sucesión de hechos tan aberrante”.

Sus agresores la lavaron y quisieron hacer creer que había muerto por sobredosis. Poneros en su piel, en la de su madre, su padre, su hermano. En Argentina, y entre 2008 y 2015, las agresiones sexuales aumentaron un 78 %. Sin embargo, la violencia contra las mujeres está por encima de números y estadísticas porque se trata de dolor, de familias rotas, de sufrimiento, de impunidad, de incapacidad para lograr una sociedad más armoniosa, de justicia … de que no haya más ‘Lucías’.

El llamado “miércoles negro” en Argentina fue una jornada nacional de lucha con paros y movilizaciones en distintos lugares del país bajo lemas como “Vivas nos queremos”, “Ni una menos” y “Basta de violencia machista”. En un contexto en el que se denunciaba que una mujer era asesinada por violencia machista cada pocas horas, el crimen de Lucía actuó como detonante de una rabia social contenida. La protesta se inspiró en parte en el “lunes negro” de Polonia, cuando miles de mujeres salieron a la calle para defender su derecho al aborto frente a un intento de restricción extrema.

El Miércoles Negro fue también la continuación de un ciclo de movilizaciones feministas que venían creciendo con fuerza. En Argentina, las marchas de “Ni una menos” habían instalado ya en la agenda pública la necesidad de abordar de forma urgente los feminicidios y la violencia de género. En esos encuentros se exigían, entre otras demandas, mayor presupuesto para combatir la violencia machista, recursos reales para refugios, programas de atención integral, formación de profesionales y el fin de la precariedad que golpea con más dureza a las mujeres.

Un grito que traspasa fronteras: del obelisco al mundo

Protestas internacionales contra la violencia machista

Lo que ocurrió en aquel Miércoles Negro en Argentina no fue un hecho aislado ni local. La indignación frente a los feminicidios y la violencia machista se extendió rápidamente a otros países de Latinoamérica y también a Europa. La lucha contra la violencia de género es global, y el eco de Lucía y de tantas mujeres asesinadas resonó más allá de las fronteras argentinas.

En ciudades de países como Chile, Uruguay, Bolivia o México se organizaron concentraciones y marchas en solidaridad con la familia de Lucía y con las víctimas de feminicidio en todo el continente. Las consignas eran similares: exigir justicia, reclamar recursos reales y poner fin a la impunidad que todavía rodea tantas agresiones. En Europa se convocaron protestas frente a embajadas argentinas y en diferentes plazas emblemáticas, mostrando que el machismo, la discriminación y la violencia contra las mujeres están presentes en todas partes.

El Miércoles Negro se conecta con una serie de movilizaciones feministas históricas que han ido marcando hitos. Ya en Islandia, en los años setenta, casi todas las mujeres del país se declararon en huelga en el llamado “Día libre de las mujeres” para visibilizar el valor de su trabajo y denunciar la desigualdad. Décadas más tarde, marchas masivas como el 7N en el Estado español, el “Vivas nos queremos” en México, o las grandes movilizaciones del 25 de noviembre (Día Internacional contra la violencia machista) han demostrado que existe una disposición enorme a la lucha y a la solidaridad internacional.

El caso de Lucía y la jornada del Miércoles Negro también pusieron de manifiesto la importancia de las redes sociales y de la organización de base. La convocatoria se difundió principalmente a través de internet, pero se sostuvo en el trabajo de cientos de colectivos feministas, asambleas barriales, sindicatos, centros de estudiantes y organizaciones sociales que ya venían articulando demandas y propuestas.

Además de las grandes marchas en capitales y ciudades importantes, el reclamo se sintió con fuerza en lugares muy diversos: desde Mar del Plata, encabezado por el padre de Lucía, hasta provincias y localidades más pequeñas que organizaron concentraciones, lecturas públicas de manifiestos y paros simbólicos. El mapa de marchas abarcó prácticamente todo el país y se replicó en muchos puntos del mundo, haciendo visible que lo que se reclamaba no era solo justicia por un caso, sino un cambio estructural.

Reacciones institucionales y necesidad de políticas públicas

No a la violencia machista

La magnitud de la protesta y la gravedad de los hechos generaron también reacciones dentro de las instituciones. En distintos países y contextos, jornadas calificadas como “miércoles negro” por su nivel de violencia machista extrema han servido para que organismos públicos, parlamentos, consejos de la magistratura o gobiernos autonómicos se posicionen de forma más clara contra la violencia de género.

En el ámbito judicial, algunos plenarios y consejos de la magistratura han emitido declaraciones adheriendo a las marchas y actividades en repudio a la violencia de género. En esos documentos se habla de la necesidad de investigar y sancionar con rigor los hechos de violencia, de revisar el desempeño de quienes administran justicia y de promover una mayor presencia de mujeres en puestos de decisión dentro del sistema judicial. La violencia machista se reconoce así como uno de los desafíos más graves para la justicia contemporánea.

También se ha puesto el foco en la responsabilidad política y social. Voces de organizaciones feministas y de derechos humanos recuerdan que cuando los feminicidios se repiten, no es solo un problema de las víctimas y sus entornos cercanos, sino un síntoma de que la sociedad en su conjunto tolera o normaliza determinadas violencias. De ahí el reclamo constante por políticas públicas preventivas: educación en igualdad desde la infancia, atención integral a las víctimas, protocolos eficaces en salud, justicia, fuerzas de seguridad y trabajo social, y presupuestos adecuados que respalden los planes contra la violencia.

Asociaciones de mujeres y colectivos feministas han señalado una y otra vez que no basta con leyes sobre el papel si luego los recursos destinados a aplicarlas son mínimos o si los programas se quedan en campañas puntuales. Reclaman que las políticas de igualdad y contra la violencia machista no sean meros eslóganes, sino compromisos sostenidos en el tiempo, evaluables y con participación social. Y recuerdan que la violencia de género está profundamente vinculada con otras formas de opresión como la pobreza, la precariedad laboral, el racismo o la lgbtifobia.

En diferentes contextos también se han producido debates parlamentarios y reformas legislativas para revisar leyes existentes sobre violencia de género, protección de víctimas o igualdad. Organizaciones feministas reivindican la necesidad de complementar las medidas penales con acciones educativas, culturales, sociales y laborales que fortalezcan la autonomía de las mujeres, reduzcan la dependencia económica y transformen las normas sociales que sostienen el patriarcado.

Las asociaciones especializadas en violencia de género insisten, además, en la importancia de ofrecer acompañamiento continuo y confidencial a las mujeres que sufren maltrato, con servicios disponibles las 24 horas, apoyo psicológico, asesoramiento legal y recursos de emergencia. Recuerdan que pedir ayuda no siempre es fácil, y que por eso la red de apoyo comunitario y profesional debe ser lo más sólida posible.

Somos madres, somos padres… y tenemos hijas e hijos

Familias contra la violencia de género

Qué responsabilidad, ¿verdad?, y qué impotencia al saber que todo esto está ocurriendo en el mismo mundo en el que ellas y ellos camparán a sus anchas dentro de unos años. Para quienes somos madres y padres, la violencia de género no es una estadística lejana, sino un temor muy concreto: el miedo a que nuestras hijas puedan ser víctimas, pero también la preocupación por cómo educar a nuestros hijos varones para que no reproduzcan ni toleren conductas machistas.

Educar en igualdad hoy significa asumir que la violencia machista atraviesa todos los ámbitos: la calle, la escuela, las redes sociales, los grupos de amigos, la pareja, el trabajo. Significa saber que nuestras hijas e hijos van a encontrarse tarde o temprano con comentarios misóginos, con chistes machistas, con piropos no deseados, con presiones para adaptarse a determinados roles de género. Ignorar esta realidad ya no es una opción.

Por eso es tan importante que las familias hablen abiertamente de estos temas. No basta con decir a las niñas “cuídate” o a los niños “sé bueno”. Es necesario explicarles qué es el consentimiento, qué significa respetar los límites de otra persona, por qué los celos no son una muestra de amor, cómo identificar una relación de pareja sana y cómo pedir ayuda si algo les hace sentir mal.

La violencia de género no se combate solo con grandes marchas (aunque son imprescindibles), sino también con cambios cotidianos en la forma de criar y relacionarnos. Cada familia puede convertirse en un espacio donde se cuestionen los estereotipos y se construyan nuevas formas de entender la masculinidad y la feminidad más libres e igualitarias.

¿Queremos una sociedad libre e igualitaria para nuestras hijas e hijos?

En esencia el ‘feminismo’ es la idea de que las mujeres somos personas con los mismos derechos y dignidad que los hombres, pero esta es una definición muy pobre y no hay una sola idea de vivir el feminismo. Sí que hay un solo objetivo: erradicar las desigualdades y acabar con la violencia generada por el patriarcado contra las mujeres. Ahora podemos votar y estudiar, pero nos matan; no nos quedamos encerradas entre las 4 paredes de la casa, pero se ejercen otras violencias más sutiles contra nosotras.

Rosa de Luxemburgo fue una teórica marxista nacida en la segunda mitad del siglo XIX, que luchó “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”: para mí es una definición perfecta del feminismo, pues nos da la libertad de ser diferentes entre nosotras y nosotros, y a la vez iguales… pero sobre todo LIBRES.

Pero ¿cómo de libre será mi hija dentro de unos pocos años si tiene miedo de ir sola por la calle? ¿cómo se va a sentir IGUAL que los demás si se la juzga por llevar pantalones demasiado cortos? Yo creo que ya está bien, es hora de parar esta barbarie que algunos incluso se afanan a justificar: “todos los hombres no son iguales”, “los hombres también sufren violencia”, “una chica no debería ir sola”, “educar a vuestras hijas para que no vayan provocando”.

A lo que yo respondo:

  • Claro que no son todos iguales, hay muchos hombres que nos apoyan en el camino y en la lucha; aunque también tenemos que reforzarnos entre nosotras.
  • Todas y todos podemos ser víctimas de violencia, pero no es lo mismo la violencia de género que un episodio violento que le haya ocurrido a un varón. Ellos no son discriminados sistemáticamente por ser hombres, no sufren la brecha salarial, no son acosados en público por el hecho de ser varones, etc.
  • Una chica puede ir sola, como un chico puede ir solo… Ir sola o haber bebido o haber tomado alguna sustancia no son razones para justificar una violación. La responsabilidad siempre recae en quien agrede, nunca en la víctima.
  • La percepción de que las chicas ‘provocan’ es muy humillante y sale de una mente enfermiza, no os lo creáis. Las mujeres tenemos pleno derecho a vivir nuestra sexualidad sin que ello se interprete como provocación ni como invitación automática al acceso a nuestro cuerpo.

En las movilizaciones feministas de los últimos años se ha visto también cómo cada vez hay más hombres implicados que entienden que la lucha contra el machismo no es solo “cosa de mujeres”. Trabajadores que paran su producción para debatir sobre violencia de género, estudiantes que organizan asambleas mixtas, padres que revisan su forma de relacionarse con sus hijas e hijos. Recomponer la unidad de la sociedad frente al machismo implica que la clase trabajadora, la juventud y las familias asuman como propias las reivindicaciones de las mujeres.

Porque la violencia machista no es un problema aislado, sino una expresión brutal de un sistema de desigualdad más amplio que se sostiene en estructuras económicas, políticas y culturales. Por eso es tan importante que la lucha contra la violencia de género se conecte con otras luchas por la justicia social, por los derechos laborales, por la diversidad sexual, por los derechos de las personas migrantes. Cuando las mujeres se organizan y salen a la calle, están mostrando un camino que puede inspirar transformaciones profundas para toda la sociedad.

Ni una menos Miércoles Negro

¿Y qué les contamos a los niños y a las niñas?

Que les contamos y qué hacemos, porque somos sus espejos: un peque varón que vea a su padre gritando a mamá, podría reproducir el comportamiento de mayor; una niña pequeña que vea a su hermana mayor sumisa mientras el novio la intenta controlar a través del whatsapp, también está aprendiendo una conducta peligrosa para sí misma.

Los niños son hijos, hermanos, amigos, nietos, primos… de mujeres, y mamá y papá pueden hacer que cada niño se ponga las gafas de color violeta para entender el mundo. Necesitamos comunicarnos más en familia y exponer nuestros valores, desmontar prejuicios, y en definitiva poner sobre la mesa la necesidad de una sociedad más igualitaria. Un niño debe saber que no puede tocar a una chica sin consentimiento, ya no podemos seguir educando a las niñas para que vuelvan a casa corriendo, completamente tapadas y mirando hacia atrás cada vez que salgan de fiesta.

Hablar de consentimiento con la infancia y la adolescencia no significa sexualizarles antes de tiempo, sino enseñarles respeto. Desde muy pequeños pueden aprender que el cuerpo propio y ajeno tiene límites que deben ser respetados, que “no” significa “no”, que el silencio o la duda nunca son un “sí”, que nadie tiene derecho a presionarles para hacer algo que no quieren. Estos mensajes, repetidos y acompañados de nuestro propio ejemplo, son una de las herramientas más poderosas para prevenir violencias futuras.

También es fundamental enseñar a niñas y niños a reconocer y rechazar los celos, el control y la posesividad disfrazados de amor. El control a través del móvil, las contraseñas compartidas como prueba de afecto, las prohibiciones sobre cómo vestirse o con quién salir, los comentarios despectivos hacia amistades o familiares… todo eso es ya violencia psicológica y de control, y forma parte de la misma cultura que luego permite agresiones más graves.

Las familias, las escuelas y los medios pueden trabajar juntos para ofrecer referentes positivos de masculinidades cuidadoras, empáticas y no violentas, y de mujeres fuertes, autónomas y diversas. Cuantos más modelos vean nuestras hijas e hijos de personas que viven relaciones basadas en el respeto mutuo, más herramientas tendrán para rechazar vínculos tóxicos cuando crezcan.

El diccionario de la RAE define sociedad como “conjunto de personas, pueblos o naciones que conviven bajo normas comunes» o «agrupación natural o pactada de personas, organizada para cooperar en la consecución de determinados fines”. En mi opinión, si no somos capaces de acabar con la violencia de género (desde los micromachismos hasta el feminicidio) deberíamos dejar de llamarnos ‘sociedad’. Y por cierto, finalizo el post con una infografía muy útil para situarnos.

Infografía violencia de género

Concienciación violencia machista

El Miércoles Negro y todas las movilizaciones que le han seguido nos recuerdan que la lucha contra la violencia de género sirve cuando sigue, cuando se convierte en organización, en redes de apoyo, en cambios educativos, en presión social constante. Cada paro, cada marcha, cada conversación en casa o en el trabajo, cada gesto de solidaridad suma para acercarnos un poco más a ese mundo en el que seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, y en el que no tengamos que llorar ni una muerte más por violencia machista.

Imágenes — Romina Lerda (Portada), twitter (#miércolesnegro)
Video — La Nación.