Vigorexia en la infancia y adolescencia

Joven con bajo ánimo y autoestima, desea tener una imagen más musculada.

Dentro de los trastornos que pueden afectar a las personas, se encuentra la vigorexia. Vamos a definir el concepto, y asimismo, desmitificar la idea de que solamente los adultos pueden sufrirla.

Definición de vigorexia

La vigorexia aunque tiene mucha relación con los trastornos de alimentación, no se encuadra dentro de ellos. Lo que sí es común en todos ellos, es la preocupación excesiva de quienes los sufren, por la imagen. Las personas con vigorexia, como las que padecen anorexia o bulimia, no se ven tal cual son, se perciben peor a nivel físico. El punto discordante respecto a los trastornos de alimentación, es que no quieren verse más delgados, quieren verse más fuertes, con más músculo y cuerpos más definidos.

La persona con vigorexia no está contenta con su cuerpo, y se centra más en aquella parte que no le gusta, volcándose y obsesionándose por mejorarla lo más rápido posible. Su salud mental se ve mermada, y se acerca más al trastorno obsesivo compulsivo, pudiendo derivar en cuadros de ansiedad, problemas de adicción, problemas cardíacos o lesiones.

Obsesión con el cuerpo en la infancia y la adolescencia

La vigorexia comenzó siendo un desorden común en adultos, de entre 18-35 años. Hoy en día se cuentan adolescentes, incluso niños, con este problema. Muchos de ellos son hijos de padres que dan bastante importancia al cuerpo, que hacen deporte y centran parte de su actividad en entrenamientos y alimentación. Esto es algo positivo, mientras que el niño no lo entienda de un modo opuesto al que es. Otros niños ven en la televisión a sus ídolos y la importancia que se le da al físico, a los músculos, sobre todo en el caso de los niños varones.

Desde niños comienzan a relacionar a los superhéroes con un cuerpo muy trabajado, e incluso sus hermanos mayores pueden dedicar bastante tiempo a ir al gimnasio, o llevar una alimentación de dieta muy estricta para gustar a otros. Quienes empiezan a entrenar para lograr un físico más musculado llegan a invertir horas, dejando de lado otras actividades y relaciones más importantes y necesarias. Los padres deben hacer comprender a sus hijos lo que es un estilo de vida saludable, y saliendo de ciertos parámetros, todo puede perjudicarles.

Cómo identificar a un niño o adolescente con vigorexia

Los niños o jóvenes que dan una extrema importancia al físico, se miran constantemente al espejo, o refieren sus  deseos de cambio, están avisando de que algo no va bien. Aquellos que pesan, modifican su alimentación, llegando a pesar la comida, probablemente estén focalizando sus problemas personales en lograr un físico más imponente. Ese físico para ellos se supone el perfecto.

Algunos de los niños o adolescentes que pueden sufrirlo, han vivido situaciones donde su autoestima y autonconcepto personales se han visto dañados, bien por burlas, rechazo, insultos o agresiones físicas. Personas que hayan sido acosadas y despreciadas por su cuerpo, son probablemente el blanco para sufrir este trastorno. El niño no debe sentirse desamparado, en el colegio y en casa hay que hablar del significado exacto de la imagen personal y no darle más importancia de la que tiene.

Los padres ante el problema

Niña entrena con su madre, pero sin disfrutar y con angustia.

Los progenitores pueden entrenar con sus hijos, pero haciéndoles ver que el ejercicio deben ser moderado, y no convertirse en una obligación.

Serán los padres quienes deban estar pendientes de sus hijos ante actitudes sospechosas, cambios en su estilo de vida, de alimentación, o abandono de actividades o antiguas amistades.  Es recomendable hablar con los hijos, preguntarles por su situación actual, y preocuparse si están afrontando algún momento complicado.

Está bien que el niño o adolescente desee cuidarse físicamente, y siga una rutina alimentaria y de deporte constante y adecuada. Como padres hay que vigilar que no siga dietas estrictas, ni abuse de sustancias para hormonarse y así aumentar su masa muscular. No debe seguir programas de entrenamiento demasiado duros que le pueda dañar. Hay que reeducar conductas y valores, sobre todo en el adolescente, hacerle comprender que puede estar bien físicamente, sin llegar a pasarlo mal.

Ayuda ante la vigorexia

La vigorexia se diagnostica hablando con el paciente, para conocer la frecuencia y la intensidad en su ejercicio diario. Si es preciso, y los padres lo requieren, se puede solicitar una analítica de sangre para determinar si ha tomado sustancias o drogas. Debe reconducirse su manera de alimentarse, puesto que suprimir tanta cantidad de grasa (pauta de vigoréxicos), puede derivar en serios daños a nivel metabólico.

Si el niño o adolescente quiere entrenar, debe hacerlo bajo la supervisión de un monitor que le asesore sobre la conveniencia de realizar determinados ejercicios. No debe haber un sobreesfuerzo que cause dolores o fatiga. Para lograr superar este problema conviene que al joven se le hable, y se le reeduque. Han de ponerse a su disposición pautas para que logre interiorizar que ese estereotipo no es el mejor ni el más sano. Y además, debe lograr aceptarse tal cual es, siguiendo unos hábitos de vida saludables.


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