Algunas de las ideas equivocadas que tenemos en cuestión de alimentación

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El pasado mes, el espacio de salud virtual CinfaSalud, presentó las conclusiones de un estudio llamado “Percepción y hábitos de salud de la población española en torno a la nutrición infantil”. Este trabajo se realizó mediante envío de cuestionario online, y participaron más de 3000 personas adultas con hijos menores de edad. Me llama la atención que solo el 37,3% de las madres y los padres de nuestro país comen habitualmente con los niños (un mínimo de 10 veces semanales); aunque también es destacable que en cuatro de cada 10 casos, la percepción de los progenitores respecto al peso de los peques, no corresponde con la realidad.

Tal y como habíamos contado aquí, hay padres que no tienen conciencia del sobrepeso u obesidad de sus hijos, y según esta investigación son un 13,1% los que no perciben este problema. El sedentarismo (agravado por un uso “excesivo” de dispositivos móviles, televisión y consolas) es una de las principales causas de la que ya se considera una “epidemia” a nivel mundial, aunque al desequilibrio energético también contribuye una alimentación pobre en fibras, poco variada, y rica en azúcares (entre otros despropósitos que seguimos casi al pie de la letra).

Pues bien, desde luego agradecemos que se identifiquen conscientemente algunos datos que ya intuíamos: con nuestros hábitos y costumbres actuales, a los niños les hacemos más bien que mal. Sin embargo he de decir que no todo está en acogerse a las buenas intenciones de comer juntos, procurar que no hayan distracciones, etc…, pues las familias nos enfrentamos a la labor casi titánica de darles lo mejor, entendiendo “mejor” como lo más saludable. Y cuando digo saludable…

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A ver, en lugar de acabar la frase anterior, os propongo un reto: haced memoria de la última vez que habéis ido a un supermercado o superficie comercial (el mercado no vale para la prueba, aunque sí para alimentarse equilibradamente), bien… ahora intentad recordar qué dimensiones (respecto del total) tiene la sección de verduras y hortalizas + otros productos frescos (huevos, carnes, pescados, quesos) + los productos derivados de cereales integrales y las legumbres.

¿Qué os sale? lineales enteros dedicados a los snack salados o frutos secos (también salados), a la bollería industrial, a los zumos, a los chocolates, a las galletas; y sí, aparentemente se le da cada vez más importancia al consumo de vegetales, sin embargo “lo otro” es mucho más fácil de “abrir y comer”, así que ¿cuántas veces acabamos abriendo un sobre de fideos saladísimos por no tener que preparar un guiso de lentejas?

Tenemos algunas ideas equivocadas en alimentación.

Y las tenemos “con la mejor de las intenciones”. Por ejemplo seguimos pensando que el desayuno es la comida más importante del día, y ya vimos que no era del todo cierto; también solemos poner el foco en la aparente bondad de un desayuno basado en lácteos y derivados de los cereales, pero pocas veces se nos cuenta que es muchísimo mejor una rebanada de pan integral (con aceite de oliva y tomate) que un par de galletas, o que no pasa nada por desayunarse con un plátano y una mandarina (prescindiendo del yogur o del vaso de leche).

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No hace falta comer de todo…

Nuevamente recurrimos a la sabiduría de Juan Revenga, es más sensato preparar comidas con productos básicos (tal como hacía nuestras madres y abuelas), porque si hoy en día les tuviéramos que poner en el plato a nuestros hijos “de todo”, comerían auténtica basura compuesta por alimentos pobres (nutricionalmente hablando) y con un exceso evidente de aditivos, muchísimo azúcar (y después nos quejamos del sobrepeso), sal, o grasas de las malas. Los nutricionistas (los que no están al servicio de la industria alimentaria, se entiende) realizan grandes esfuerzos por hacernos entender que los alimentos más saludables son los que no necesitan anuncios en tv, o que no patrocinan ningún evento.

Por otra parte, cabe resaltar que un “plato saludable” según la Universidad de Harvard (y según podéis ver en la siguiente imagen), es el que es ocupado en su mitad por hortalizas, verduras y frutas. Los cereales serán preferentemente integrales, y las proteínas saludables (legumbres, pescado, quesos, limitando las carnes rojas y evitando alimentos como el bacon). La mejor bebida es el agua. En este sentido, creo conveniente mencionar que la pirámide de la alimentación saludable no es del todo beneficiosa para la salud, pues sitúa en su base justamente los cereales refinados, que no poseen fibra, tan beneficiosa para el organismo.

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Los beneficios de comer en familia.

Ya los habíamos detallado en esta entrada sobre las cenas familiares, además podríamos recordar que comer en familia, ayuda a que los hijos se involucren en la preparación de las comidas, poner la mesa y aprender menús saludables. No cabe duda de que nos sentiremos más unidos si disponemos de un espacio compartido para conversar y contarnos las vivencias del día. Idealmente podemos comer y cenar juntos, pero las dificultades para conciliar que tienen los padres, imposibilitan que estén disponibles cuando los niños hacen la pausa del mediodía; así que cenar todos los días en familia tampoco es tan mala opción. En esto si que veo que sería beneficiosa la jornada intensiva.

Al tener tiempo para comer en familia, descubrimos los gustos de nuestros hijos, y podemos adaptar las comidas. A fin de garantizar el éxito de esos encuentros familiares, pondremos atención en evitar la monotonía, y organizar un menú semanal, en el que pueden participar los peques.

Imágenes — USDAgov, donnierayjones, Leslie Science & Nature Center


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