Así quieren las niñas y los niños jugar: sin estereotipos y desde la libertad de escoger

No faltan estos días recomendaciones sobre la compra de juguetes: consejos sobre seguridad para bebés de 0 a 36 meses, orientaciones para familias con niños de entre 3 y 6 años, o más mayores. Los juguetes no son sino una herramienta para jugar, y son prescindibles, aunque tienen diversas utilidades (pedagógica, de relación, etc.). Nuestros abuelos se fabricaban sus propios juguetes y nuestros padres apenas podían disfrutar de un camión, una muñeca o una pelota durante todo un año. Nosotros tuvimos la suerte de que se tuvieran en cuenta algunos de nuestros deseos, la suerte de que alguno de los juguetes pedidos no llegara “por que se había agotado” (una excusa benévola para esconder la precariedad de la economía familiar), y la suerte de que ¡por fin! la literatura infantil y los rompecabezas se empezaran a tener en cuenta como regalos para niñas y niños.

Tuvimos también la suerte de ser una de las últimas generaciones en disfrutar del juego libre, de las calles, y del tiempo de ocio no estructurado… En aquella época abrían las primeras academias de inglés y se tenían que presentar como una propuesta atractiva para que los padres accedieran siquiera a tenerlas en cuenta, ir a música era para quienes sabían administrar muy bien el dinero que entraba en casa, y el repaso lo teníamos en la mesa del salón con papá (o mamá) al lado. Y no supimos valorar del todo bien esa suerte, porque con el paso de los años (y convertidos en madres o padres) hemos caído en la tentación de abrir la puerta no sólo a los magos de Oriente, sino también a Santa Claus, ¡y de qué manera!, lo que no se es como pueden entrar a las casas cargados como van de juguetes.

¿Pero no dicen los expertos que con 3 / 4 juguetes ya van apañados los peques? ¿no nos cuentan que el juego en sí mismo es una actividad tremendamente beneficiosa y que los niños no necesitan que les contemos “cómo se juega”? Hemos ido olvidando tantas cosas, que nos hemos declarado devotos del consumismo, y quizás nos hemos alejado un poquito de la naturaleza infantil, esa que deberíamos intuir o conocer para facilitarles su desarrollo. Fijaros que hasta para lo que es lógico, necesitamos que nos aconsejen (“nada de piezas pequeñas si se trata de un objeto destinado a bebés”); y por otra parte lo clasificamos TODO dificultando enormemente la libertad de los peques: ¿desde cuando un libro recomendado para mayores de 9 no puede ser para niñas de 7? ¿desde cuando una niña no puede querer un juguete de acción? ¿desde cuándo un niño no puede vestirse de princesa?

Adultos, juego infantil y generación de estereotipos.

El niño desde que nace debe construirse, y aunque la identidad más marcada se observa a partir de la adolescencia, son seres que no dejan de experimentar con sus emociones y con el entorno. Durante los 2 primeros años la referencia de mayor peso en la vida del recién nacido es la madre, y esto no es que lo diga yo o forme parte de la cultura de unos u otros sitios, es que es necesario para la formación de un apego seguro; no tiene mucho sentido en estos momentos extenderme en este tema pues es harina de otro costal.

El bebé y después el niño pueden jugar con las personas que les rodean, o pueden hacerlo valiéndose de objetos. No se nota tanto en juguetes dirigidos a la franja de edad de 0 a 36 años, pero si os fijáis, llega un momento en que las características externas de los juguetes sufren una tremenda diferenciación: rosa versus azul, los mismos colores con los que les marcamos al nacer. Cuando empiezan a suceder estas interferencias, la infancia es influenciada en la construcción de su SER, y los peques dejan de ser libres.

En esta estupenda entrevista, Alba Alonso nos hablaba precisamente del color rosa y de su significado, frente a otros que quizás se hubieran podido escoger para simbolizar fortaleza.

Partiendo de que (como veremos más adelante) son los propios niños los que saben jugar, son (o deberían ser) ellos mismos quienes decidieran con qué juegan. Y seguro que ahora estaréis pensando: “si a mi me da igual que la niña de al balón”, ya pero ¿qué hay de los estereotipos que reproduce la publicidad? ¿qué hay de las estanterías sementadas por colores? Me cuesta creer que no exista una intencionalidad, porque para facilitar la búsqueda, creo yo que con el criterio de edad o tipo de juguete, ya íbamos bien.

Los niños saben jugar, a los adultos se nos ha olvidado.

Es así, los mayores pensamos que el juego debe ser dirigido, que los niños deberían hacer o no según nuestras ocurrencias, y que tenemos que programarles el tiempo de jugar. Nada más lejos de la realidad, o de lo que debería formar parte de un desarrollo saludable. Si las escenas típicas de parque (“con ese niño no”, “por ese tobogán no”, …) las trasladamos a otros ámbitos, nos encontramos con mamis de morros porque su niño ha pedido una muñeca, papás intentando convencer a la niña de que un robot quizás no sea lo más adecuado para ella.

Y así, la etapa en la que podían decidir se quedó olvidada en los 2 años cuando les dejábamos escoger entre dos chaquetas previamente seleccionadas por nosotros, o les preguntábamos “para desayunar ¿quieres pan con aceite o pan con mermelada?”.

El género no es biológico, sino cultural.

Nacemos siendo mujeres u hombres, no nacemos teniendo que responder a expectativas o estereotipos, pero la sociedad los impone, y este es uno de los mayores escollos para la expresión y realización de los sueños de las niñas, y también para la manifestación de las emociones en niños. Estamos ante un constructo cultural bastante marcado que podemos derribar desde casa, o pidiendo en la escuela iniciativas como estaPero la atribución de funciones no tiene nada que ver con si se ha nacido niño o niña.

Juguetes rosas, juguetes azules… diferenciación de géneros.

Y lo que queremos es eliminar esa diferenciación, por eso ¡bienvenidas sean organizaciones como Let Toys be Toys!, y en nuestro país, proyectos como Real Kiddys. Lo que está claro es que la publicidad tiene una finalidad, y esto podemos ignorarlo o pedir que sea responsable, y como ejemplo os enlazo el vídeo de #CambiemoselJuego. Cualquier juguete es válido para cualquier criatura, salvando las excepciones que marcan la seguridad, o las habilidades (por ejemplo: un helicóptero teledirigido para una niña de 5 años pues no: no porque sea mujer, sino por la edad).

Estos últimos días, ha sido noticia el Ayuntamiento de Valencia con su campaña Juguetes por la Igualdad, que pretende reflejar lo absurdo del control adulto (desde la familia hasta la publicidad). Es verdad que no se puede obligar a una niña a coger el mando y hacer carreras de coches, es verdad que no se puede obligar a un niño a jugar a que limpia la casa… pero en eso consiste la educación en género neutro. Algo tan fácil que dejarles que decidan, pidan y usen SUS juguetes, que no son los nuestros.

Y es que, además de más libertad, conseguiremos que realmente niñas y niños lo tengan más fácil para cooperar, y no para competir, porque estaremos eliminando desigualdades.

Relajémonos… que no pasa nada, y disfrutemos viéndolos.

(Acabo con una ilustración que me ha regalado M. Ángeles Miranda, porque en tono de humor se entienden mejor las cosas. A muchos nos dan ganas de renunciar a ser adulto, viendo cómo están las cosas; pues bien, a pesar de las ganas, seguiré siendo de las personas “mayores” que se ponen de lado de los niños, porque se merecen recuperar un poquito de libertad).


Categorías

Varios

Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *